Hay una pregunta que el sector lleva años aplazando: ¿quién va a cultivar la tierra cuando quienes lo hacen hoy ya no puedan? No es una pregunta retórica. Es urgente. En España, la edad media de quien gestiona una finca supera los 65 años. En Europa, solo el 12% de las personas agricultoras tienen menos de 40, y la Estrategia de Relevo Generacional aprobada por la Comisión Europea en octubre de 2025 se ha marcado el objetivo de duplicar ese porcentaje antes de 2040.
La Revista Ae dedica su número 61 —La agroecología toma el relevo— a esa pregunta. No desde la nostalgia, ni desde el optimismo fácil, sino desde la evidencia y desde las personas que ya están respondiendo con su trabajo, su vocación y su proyecto de vida.
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En portada, Abel Robres Carrillo – Ganadería Robres Carrillo y Carnicería Robres – tiene 24 años, 130 cabezas de ganado bovino ecológico certificado y una trasterminancia entre los puertos de Gúdar y las vegas costeras valencianas que combina tradición pastoril con los laberintos burocráticos de quien trabaja entre dos comunidades autónomas. Cuota doble de certificación, papeleo triplicado, tres años de ayudas de incorporación bloqueadas por un error administrativo ajeno… Y sin embargo, Abel sigue. Su historia no es excepcional: es representativa de lo que ocurre cuando la agroecología funciona como ancla generacional.
A su lado en esta sección, otra historia que apunta en la misma dirección pero desde otro ángulo: Markel Enzunza lleva en la Cooperativa Bizkaigane (Errigoiti, Bizkaia) desde que tenía 17 años y descubrió la Escuela de Pastores del País Vasco. Lo que él encontró no era solo un oficio: era un proyecto colectivo de cuatro décadas que lo esperaba. Bizkaigane nació en 1983 de tres vecinos que decidieron juntar las vacas y repensar el modelo. Apostaron por condiciones laborales dignas —turnos, fines de semana alternados, vacaciones— antes de que eso fuera tendencia. El resultado: cuando llegó la jubilación de los fundadores, había cinco personas jóvenes queriendo quedarse, una cooperativa nueva, instalaciones renovadas y doce trabajadoras y trabajadores. Los fundadores cedieron ganado, maquinaria y tierras sin coste. Solo pidieron una cosa: que siguieran otros cuarenta años.
Abel y Markel, cada uno desde su realidad, ilustran por qué el relevo no es solo una cuestión de tierra o dinero: también es de condiciones, de proyecto, de sentido.
El debate político está encima de la mesa, y el número 61 lo enfrenta con rigor. El equipo técnico de SEAE analiza en el artículo central qué hace de la producción ecológica el mejor argumento para el relevo, con datos de la estrategia europea, del Organics Europe Youth Network y de nuestra propia experiencia de más de tres décadas acompañando proyectos en el campo. Red Terrae entra a fondo en Tierra Joven y los bancos de tierras con una lectura tan celebratoria como exigente: una oportunidad real, solo si se aterriza en el territorio.
El «Punto de mira» de este número lo firma Markos Gamboa, jornalero, consultor y divulgador (recomendables entrevistas en su canal divulgativo «Las cosas del comer»), con un diagnóstico incómodo y certero: nueve razones por las que el relevo se complica —desde el desapego entre urbes y medio rural hasta la polarización en torno al término «ecológico»— y nueve propuestas concretas para revertirlo. Sin eufemismos y directo.
La entrevista central corresponde a Lorena Rodríguez Lucero, coordinadora de la Asociación Educatierra, con sede en Carcaboso (Cáceres). Lo que Lorena y su compañero Alberto Cañedo han construido allí tiene nombre difícil de resumir en una palabra: la Escuela de la Tierra es un hogar de acogida, un programa de formación agroecológica integral y una comunidad donde personas migrantes y locales comparten techo, trabajo y vida. Desde 2021 han pasado casi 180 personas de más de 15 nacionalidades. La tasa de inserción laboral ronda el 60%. La administración dice que no quiere correr riesgos con dinero público. Lorena responde con una frase que debería estar en más despachos: «Aquí tiene el experimento hecho y funcionando. Solo falta que quiera verlo».
El número amplía la mirada: viñedos que conservan biodiversidad en Zamora (por GREFA), etnoveterinaria gallega aplicada a la ganadería ecológica, el Banco Insular de Tierras de La Gomera como ejemplo de municipalismo con vocación agroecológica, la red EUfarms y sus 330 fincas certificadas en cinco países europeos —19.700 hectáreas de demostración práctica de que la escala es posible—, agroinfluencers entre la visibilidad y el riesgo del greenwashing, y cooperativas en transición hacia un modelo agroalimentario más justo.
Y las fichas técnicas de siempre: pulgones para afrontar la temporada, la raza equina Asturcón, la valeriana y el garbanzo Lareño.
