Una jornada coorganizada por SEAE, Permacultura Gran Giro y Pla de Mallorca XXI, ha reunido en Lloret de Vistalegre -16 mayo- a más de un centenar de personas para debatir sobre soberanía alimentaria, relevo generacional y defensa del suelo agrario.

El Convent de Lloret de Vistalegre se convirtió, durante doce horas, en un espacio de encuentro intergeneracional para tejer comunidad en torno a un objetivo común: avanzar hacia una soberanía alimentaria integral, ecológica y de calidad en Mallorca. El Festival per a la Sobirania Alimentària, coorganizado por Permacultura Gran Giro, Pla de Mallorca XXI y la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE), reunió a unas 150 personas de edades muy diversas en una jornada definida por la propia organización como enriquecedora, dinámica y contundente.

El Festival comenzó con la bienvenida tradicional a cargo de los Xeremiers y con las dinámicas grupales facilitadas por La Utòpica, pensadas para romper el hielo y enredar a las personas asistentes desde el primer minuto. El programa, ambicioso y bien hilado, alternó charlas, debates, mesas redondas y talleres prácticos, e incluyó espacios paralelos para la xicalla (peques) con propuestas de Permakids y Tocar Terra, además de un intercambio de semillas, mercadillo, documentales y la sala de exposición permanente de ARCUFI sobre el cultivo de la higuera.

¿Y si mañana hubiera una crisis alimentaria en Mallorca?

Uno de los momentos centrales del festival fue la mesa redonda dedicada a la emergencia alimentaria que Baleares todavía no ha previsto. Moderada por el creador digital Daniel Quetgles, la conversación puso sobre la mesa una constatación incómoda: la isla no dispone de reservas alimentarias suficientes para sostenerse en caso de una crisis de abastecimiento, una realidad que contrasta con la dependencia creciente de las importaciones.

Desde Sa Casa Pagesa, Toni Feliu denunció que la pagesía y las personas del sector pesquero viven a espaldas del resto de la sociedad, pero serían el primer recurso en caso de emergencia. Sebastià Ordines, secretario general de Unió de Pagesos, matizó que el problema no es de capacidad productiva, sino comercial: el campo mallorquín compite en desventaja con el flujo continuo de producto importado.

La intervención de Aina Calafat, responsable de proyectos internacionales e incidencia de SEAE, apuntó directamente al fondo de la cuestión: «nos estamos cargando los recursos. El suelo fértil se cubre de cemento y placas solares». Calafat defendió la agricultura ecológica como una herramienta de adaptación frente al cambio climático y a las futuras crisis alimentarias y energéticas. En este sentido, destacó que la superficie agraria ecológica ya representa el 21% de la Superficie Agraria Útil (SAU) de las Illes Balears, con 50.541 hectáreas inscritas y 1.301 operadores ecológicos —según los datos 2024 del Consell Balear de la Producció Agrària Ecològica (CBPAE)—, y que buena parte de las personas que cultivan en ecológico son jóvenes.

Aun así, también advirtió de las dificultades que afronta el relevo generacional en el campo, especialmente durante los primeros años de actividad, cuando los ingresos son bajos y el acceso a las ayudas resulta complicado. Entre las iniciativas positivas, puso en valor proyectos colectivos como el obrador compartido de APAEMA, que facilita el acceso a infraestructuras comunes a las nuevas personas productoras.

Aina Calafat, responsable de proyectos internacionales e incidencia de SEAE

Las mesas redondas posteriores ahondaron en varios ejes igualmente urgentes:

  • Relevo generacional: las voces jóvenes del campo —permacultoras, pageses, pagesos en formación, ramaderes regeneratives— contaron en primera persona qué presente cultivan y qué futuro están dispuestas a sembrar.
  • Apoyo mutuo en el campo: la recuperación del tornajornals como práctica de ayuda recíproca entre fincas, frente a la lógica individualizadora del productivismo.
  • Diseño y manejo agroforestal: árboles como refugio climático, policultivos y agricultura regenerativa como herramientas concretas para fincas más vivas y resilientes.
  • Suelo rústico bajo presión: la mesa final, con Terraferida, Plataforma Renovables sí però així no y Revoltes de la terra, abordó cómo la especulación urbanística y la implantación masiva de macroplantas fotovoltaicas en suelo agrícola están detrás del retroceso de la soberanía alimentaria en las islas.

En paralelo, el festival ofreció una batería de talleres y microcharlas con un fuerte componente aplicado: biofertilizantes caseros, lombricompostaje, diseño hidrológico frente a sequías e inundaciones, manejo de la higuera de moro para compost y humedad, o el funcionamiento de un supermercado cooperativo (caso Terranostra). Conocimientos técnicos compartidos en formato breve y con vocación de transmisión horizontal.

Cierre en asamblea y compromiso colectivo

La jornada se cerró con una asamblea general facilitada, en la que se recogieron aprendizajes y propuestas para seguir organizando la soberanía alimentaria desde lo local. Más que un acto puntual, el festival se planteó como un eslabón más en la construcción de una conciencia decrecentista y solidaria: la convicción de que la respuesta a la crisis ecosocial pasa por producir y consumir de otra manera, fortalecer las redes campesinas y defender el suelo agrario frente a quienes lo ven como mero soporte para cemento o especulación.

Como recordó el lema de la convocatoria: frente a la crisis del mundo, soluciones conectadas, por todo y para todas las personas.

Una jornada festiva, sí, pero con un mensaje rotundo: sin payesía viva, sin suelo fértil y sin comunidad organizada, no hay soberanía alimentaria posible.

Organizada por: Permacultura Gran Giro, Pla XXI. i SEAE.

Con el apoyo de: Ajuntament de Lloret i Caixa Colonya de Pollença.


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