Un informe recién publicado por el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IEGD-CSIC) aporta evidencia científica sólida para el debate sobre la nueva PAC 2028-2032: las fincas con mayor resiliencia social y ambiental —entre ellas, una proporción muy destacable de iniciativas certificadas en ecológico— son también las más dependientes de las ayudas públicas y, sin embargo, reciben menos apoyo por hectárea cultivada que las grandes unidades productivas intensivas.

El estudio, firmado por Idoia Urrutia Larrachea, Soledad Cuevas García-Dorado y Daniel López-García, analiza los datos de la Red Contable Agraria Nacional (RECAN) correspondientes al primer ejercicio del actual Plan Estratégico de la PAC y dibuja un mapa que confirma muchas de las tesis que SEAE viene defendiendo desde su nacimiento en 1992.

Una fotografía del campo en el Estado español en cinco modelos

El equipo investigador ha clasificado las cerca de 455.000 unidades agrarias representadas en la muestra en cinco tipos en función de su dimensión económica y de su resiliencia social y ambiental. El panorama resultante es elocuente: apenas un 2,22 % del total —las fincas con producción estándar superior a 500.000 € anuales y baja resiliencia socioambiental, mayoritariamente de ganadería intensiva de granívoros— concentra el 39 % de la producción y un 5,57 % del presupuesto PAC analizado.

En el otro extremo, los modelos con mayor resiliencia ambiental y social (tipos 4 y 5) reúnen el 23 % de las fincas, ocupan el 42 % de la superficie agraria útil y aglutinan el 40 % de las ayudas, con una proporción muy notable de iniciativas certificadas en ecológico: un 28 % en el tipo 4 y un 32 % en el tipo 5.

Estos datos refuerzan una idea que SEAE lleva años trasladando a las administraciones: la producción ecológica y la agroecología no son una opción minoritaria ni marginal, sino la columna vertebral de los modelos agroganaderos que más bienes públicos generan en términos de biodiversidad, calidad del suelo, equilibrio territorial y empleo rural digno.

La resiliencia ambiental no está reñida con la viabilidad económica

Uno de los hallazgos más relevantes del informe desmonta uno de los argumentos clásicos contra la transición agroecológica. El análisis estadístico no encuentra incompatibilidad inherente entre resiliencia ambiental y resiliencia económica. Es decir: las fincas que apuestan por la rotación, la diversidad de cultivos, la circularidad, el bajo uso de insumos químicos y la ganadería extensiva pueden ser perfectamente viables.

La diferencia en viabilidad que muestra el tipo 1 frente al resto se explica más por la dimensión económica —y por las economías de escala asociadas— que por su modelo productivo. Esta evidencia es clave para responder a quienes presentan la transición ecológica como un freno a la competitividad del sector.

Los ecorregímenes no están llegando a quienes más bienes ambientales generan

Otro dato especialmente relevante para el sector ecológico: los ecorregímenes, que absorben el 14 % del presupuesto PAC y están concebidos para premiar prácticas beneficiosas para el medio ambiente, no benefician en términos relativos a las fincas con mayor resiliencia ambiental. El reparto en euros por unidad de dimensión económica favorece a los tipos 2 y 3, no a los tipos 4 y 5, donde se concentra la producción ecológica. La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que un instrumento diseñado para apoyar la transición ambiental no esté priorizando a las personas operadoras certificadas en ecológico, que aplican prácticas verificadas y auditadas anualmente?

Las ayudas específicas a la producción ecológica del Pilar II, que sí muestran un mejor desempeño hacia los modelos resilientes, representan apenas el 3,3 % del presupuesto total. Una proporción claramente insuficiente para alcanzar el objetivo del 25 % de superficie ecológica en 2030 fijado por el Plan de Acción Europeo.

Brecha de género: las agricultoras y ganaderas reciben menos ayudas

El informe documenta con precisión una brecha que SEAE viene denunciando: las personas titulares mujeres percibieron en 2023 una media de 21.000 € en ayudas PAC, frente a los 29.000 € de los titulares hombres. La diferencia se concentra en el Pilar I, vinculado mayoritariamente a la superficie. La explicación está en la propia estructura del campo: las mujeres lideran fincas de menor dimensión económica, más frecuentemente en modelos asociativos y con mayor resiliencia social y ambiental. Es decir: trabajan en las fincas que más bienes públicos generan y, paradójicamente, son las que menos apoyo reciben por euro generado.

Relevo generacional y agroecología: una alianza estratégica

La incorporación de personas jóvenes a la actividad agraria se da especialmente en los modelos de alta resiliencia social y ambiental (tipos 2, 4 y 5). Sin embargo, el grueso de las ayudas a la instalación y del complemento joven termina en las fincas más grandes (tipo 1), independientemente de su aportación a los bienes públicos. Las ayudas a la incorporación percibidas por mujeres jóvenes se concentran exclusivamente en los tipos 2, 4 y 5, con presencia destacada en cultivos leñosos, vitivinicultura y ganadería de herbívoros. Aquí se cruzan dos prioridades estratégicas que la coalición #PorOtraPAC —de la que SEAE es parte activa— viene defendiendo: el relevo generacional y el apoyo a las mujeres rurales no pueden seguir vinculados de forma exclusiva a la superficie cultivada.

Lo que está en juego en la PAC 2028-2032

La propuesta de nueva PAC presentada por la Comisión Europea en julio de 2025 plantea una reducción del 22 % del presupuesto, la fusión de los dos pilares y una mayor flexibilidad para los Estados miembros. El informe del IEGD-CSIC abre interrogantes que conectan directamente con las posiciones que SEAE ha trasladado a través de IFOAM Organics Europe, la coalición #PorOtraPAC y el Foro de Acción Rural:

  • ¿Es razonable mantener un sistema que destina el 5,57 % de las ayudas a las fincas más grandes —las que menos dependen de ellas— mientras los modelos agroecológicos viables, dependientes de la PAC para su renta, reciben proporcionalmente menos apoyo por euro generado?
  • ¿Tiene sentido que los ecorregímenes no prioricen a las personas operadoras ya certificadas en ecológico, que llevan años aplicando las prácticas que estos instrumentos pretenden incentivar?
  • ¿No sería más coherente reducir el tope máximo de ayudas por finca y desvincular los apoyos a mujeres y jóvenes de la superficie cultivada, para acompañar el modelo de pequeña y mediana escala donde realmente se concentran?

Un debate que alimenta los surgidos durante el XVI Congreso SEAE

Este informe llega en un momento especialmente oportuno. El XVI Congreso Internacional SEAE acaba de celebrarse en la Universidad Pública de Navarra, en Pamplona-Iruña, del 22 al 25 de abril de 2026, treinta años después de aquel II Congreso SEAE celebrado en la misma ciudad en 1996. Las evidencias aportadas por el equipo del IEGD-CSIC alimentan un debate que la comunidad agroecológica tiene plenamente vivo: cómo articular políticas públicas que reconozcan, apoyen y amplíen el papel de las fincas ecológicas y agroecológicas como motor de un campo más resiliente, más justo y más vivo.

SEAE seguirá trasladando estas evidencias a las administraciones competentes y al resto de actores del sistema agroalimentario europeo. Porque, como recordaba el equipo técnico de SEAE en la revista Ae nº47 (la del 30 aniversario de SEAE), la incidencia política, científica y social no se basa en argumentos débiles, sino en investigaciones rigurosas y en la experiencia diaria de las personas productoras. Este informe es una pieza más en esa larga conversación.


Accede al informe completo:

Resiliencia del sector agrario y ayudas del Plan Estratégico Nacional de la Política Agraria Común (2023) — IEGD/CSIC, 2026.