La Región de Murcia produce cada vez más alimentos ecológicos, pero buena parte de esa cosecha viaja lejos y no llega a las mesas de quienes viven cerca de los campos. Ese desajuste entre lo que se cultiva y lo que se consume en el territorio es el punto de partida de las VI Jornadas de Agroecología «Comercio local y consumo responsable», que se han celebrado este 21 de octubre, en el CIFEA de Lorca. Y SEAE está allí.
Aina Calafat Rogers, responsable de incidencia política y proyectos internacionales de SEAE, ha participado con una ponencia sobre «Soberanía alimentaria y compra pública verde: oportunidades para el sector ecológico regional. Cómo revertir el lavado verde (greenwashing) en alimentación».
La pregunta de fondo es sencilla. Si los comedores escolares, los hospitales o las residencias compran con dinero público, ¿por qué no hacerlo a productoras y productores ecológicos de la zona? La contratación pública puede dar a las fincas un mercado estable y, al mismo tiempo, acercar alimentos de calidad a la población. La otra cara del debate es la confianza: con tantos envases que presumen de verdes, la ciudadanía necesita saber distinguir un compromiso real de un simple reclamo publicitario.
Desinformación y lavado verde frente a las buenas prácticas agroecológicas con CultivEco
Durante su intervención, Aina Calafat ha alertado sobre la desinformación que rodea al cambio climático y a la alimentación, y ha situado el debate en el marco de los límites planetarios, entre otros factores. Frente a los mensajes ambiguos, ha defendido las garantías que ofrece la producción ecológica gracias a su reglamento, una seguridad que alcanza también a las personas consumidoras y a la sociedad en su conjunto. Ha puesto además la lupa en el lavado verde (greenwashing) y cómo perjudica directamente al sector ecológico: productos sin ninguna certificación compiten en el lineal con alimentos que sí cumplen un reglamento exigente y pasan controles, y la persona consumidora acaba sin saber en qué confiar. La agricultura regenerativa es un buen ejemplo, ha explicado Aina, porque se presenta como alternativa verde sin una definición legal común ni un sistema de control público que respalde lo que promete.
«Tenemos estructuras que agrupan al sector ecológico; tendríamos que reclamar la certificación pública y defender la producción ecológica no como un nicho de mercado, sino como una oportunidad para el cuidado. Eso es lo que debería asumir la Administración», ha reivindicado Aina Calafat.
Aina ha aprovechado también para presentar CultivEco, «Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor», el proyecto con el que SEAE acompaña a agricultoras y agricultores de la cuenca que quieren dar el paso hacia la producción ecológica. La iniciativa ofrece asesoramiento, formación e insumos gratuitos a través de una red de fincas faro y piloto, y pone a disposición de cualquier persona interesada un manual de transición adaptado a los cultivos y suelos del territorio, además de grabaciones de las formaciones, infografías y pódcast. Una forma concreta de demostrar que la agroecología puede ayudar a recuperar un ecosistema tan castigado como el Mar Menor sin dejar atrás a quienes lo cultivan.
Este año el foco está en la comercialización: qué funciona y qué falla en los canales cortos, qué estructuras los sostienen y hasta dónde llega el apoyo de las administraciones públicas.
Junto a Aina intervienen Ana María Inmaculada Maestre García, agricultora de vega tradicional en Almería y promotora de mercados de cercanía; Alberto Cruz Sierra, del Grupo Heliconia, que hablará de logística en la venta directa; Pedro José Pérez Saura, director técnico del CAERM, sobre certificación ecológica, y Lorena Rosique, de Vivens Hortis, sobre tendencias de consumo responsable. La mañana se cierra con una mesa redonda sobre la distribución de productos ecológicos en España, moderada por Irene Guillén Luna, jefa del SFTT.
Puedes ver las IV Jornadas Agroecológicas de Lorca
El SFTT publicará los vídeos de las ponencias en su canal de YouTube. Toda la información está en sftt.info.
El fraude verde o greenwashing ha centrado buena parte del debate en la 41.ª edición de BioCultura Madrid, celebrada del 6 al 9 de noviembre en IFEMA, donde las principales entidades del sector ecológico —SEAE, INTERECO, ASOBIO, Ecovalia y la Asociación Vida Sana— han unido fuerzas para defender la transparencia y la credibilidad del modelo agroecológico.
Helena Cifre, coordinadora de SEAE, en la mesa redonda sobre greenwashing
Análisis del marco normativo del greenwashing
En este mismo contexto, Helena Cifre, coordinadora de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE), ha participado en la mesa redonda “Greenwashing o fraude”, junto a Regina Monsalve Mayans (INTERECO). Cifre aborda el marco normativo del greenwashing y los riesgos que suponen las prácticas de comunicación engañosas para la credibilidad del sector ecológico. La mesa la ha moderado Alberto López, de Economato Macabeo.
Ha sido un interesante debate además de las reflexiones finales, sobre la unión y vertebración del sector ecológico para poder defenderse de continuos ataques a «lo ecológico» que van cambiando de nombre: «local», «regenerativo», «sostenible»… Estas prácticas confunden al consumidor y ponen en peligro la confianza en las etiquetas, la certificación y los operadores comprometidos con la autenticidad y la sostenibilidad real.
Desde SEAE se insiste en que solo con transparencia, coherencia y rigor científico-técnico se puede seguir fortaleciendo la producción ecológica como pilar de un modelo agroalimentario saludable, justo y sustentable.
El decálogo exige medidas a la Administración como incentivos fiscales para el sector ecológico, campañas de promoción pública, y discriminación positiva para los productos orgánicos en la compra pública (comedores escolares, hospitales, residencias…). El decálogo también reclama relocalizar el consumo ecológico, un IVA reducido para los productos certificados y que “paguen quienes contaminan” los costes sanitarios y medioambientales que generan.
Entre las propuestas del decálogo destacan la defensa de la Eurohoja como garantía de sostenibilidad, la regulación de términos como “sostenible” o “regenerativo” para evitar el fraude, el impulso de la formación y digitalización del sector, así como programas de asesoramiento y ayudas económicas que faciliten la conversión ecológica.
La 41.ª edición de BioCultura Madrid —que se celebra del 6 al 9 de noviembre en IFEMA— vuelve a reunir a las principales entidades, profesionales y consumidores comprometidos con la producción ecológica y el consumo responsable. En este contexto, la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE) participa activamente en varias actividades, contribuyendo al debate sobre los retos actuales del sector y a la divulgación de la agroecología como camino hacia sistemas alimentarios sostenibles, justos y coherentes.
En esta sesión, Helena Cifre (SEAE) abordará el marco normativo del greenwashing, mientras que Regina Monsalve Mayans, presidenta de INTERECO y operadora certificada por el CAECV, analizará la certificación ecológica pública como herramienta frente al fraude. Esta propuesta busca aportar claridad y rigor al debate sobre la transparencia en el mercado ecológico y reforzar la confianza del consumidor en las etiquetas, los sistemas de certificación y los operadores comprometidos con la autenticidad del producto.
Asimismo, la vicepresidenta de SEAE, Pilar Galindo, participará en la actividad “Agroecología en serio” (viernes 7 de noviembre, 15:00 h, Ágora), organizada por La Garbancita Ecológica. En esta mesa se presentará su modelo de asesoramiento, distribución y cultura agroecológica, basado en la colaboración con grupos de consumo, centros educativos, universidades y colectivos sociales. La iniciativa ejemplifica cómo la agroecología puede integrarse de manera práctica y comunitaria en todos los ámbitos de la sociedad.
Cata organoléptica con Mª Dolores Raigón
El domingo 9 de noviembre, a las 15:00 h en el espacio Showcooking, se celebrará la cata “Lo que tu cuerpo sabe sin etiquetas”, una experiencia sensorial guiada por Dolores Raigón, doctora en Ingeniería Agrónoma, catedrática de la UPV y ex presidenta de SEAE.
Investigadora de referencia en calidad alimentaria, Raigón mostrará cómo los productos ecológicos expresan, a través del sabor, aroma y textura, su origen, su modo de producción y su valor nutricional. La actividad es gratuita con la entrada general de la feria (hasta completar aforo) y quedará grabada para su difusión a través de @laresilcienciashow.
BioCultura, una trayectoria compartida
BioCultura es la feria de productos ecológicos y consumo responsable más veterana y relevante de España, con más de cuatro décadas de historia y miles de visitantes cada año. En esta edición, comienza una nueva etapa bajo la presidencia de Montse Escutia (socia de SEAE) al frente de la Asociación Vida Sana, tras el legado de Ángeles Parra, fundadora y referente del movimiento ecológico en nuestro país.
Desde sus orígenes, SEAE y BioCultura han compartido una misma misión: promover la producción ecológica, defender la integridad del sello ecológico y sensibilizar a la ciudadanía sobre el valor de una alimentación más sana, justa y respetuosa con el planeta.
La participación de SEAE en BioCultura Madrid 2025 refuerza su compromiso con la transparencia, el conocimiento científico y el impulso colectivo del sector ecológico, invitando a todas las personas asistentes a seguir construyendo, desde lo local, una agroecología viva, participativa y con futuro.
Un amplio grupo de asociaciones de agricultura, entidades agroecológicas, científicas y colectivos ciudadanos -entre los que está SEAE, la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología – lanzamos una campaña bajo el lema “Ni greenwashing ni venenos camuflados. Unidos por una agricultura regenerativa sin agrotóxicos”, con el objetivo de proteger la integridad del concepto de agricultura regenerativa frente a su uso indebido por parte de algunas empresas y certificadoras.
¿Por qué ahora? ¿Qué está pasando con la agricultura regenerativa?
En los últimos años, el término agricultura regenerativa ha ganado protagonismo en los discursos políticos, empresariales y climáticos. Recomendado por organismos como el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), este modelo agrario se basa en la regeneración del suelo, la biodiversidad, el ciclo del agua y la economía local. Frente a una agricultura industrial en crisis ecológica y social, este enfoque se está consolidando como una de las soluciones más prometedoras.
Sin embargo, el rápido auge del concepto ha provocado un proceso de apropiación y vaciado de contenido, que recuerda a lo que ocurrió con términos como «eco» o «bio». En este contexto, certificadoras privadas han empezado a desarrollar sellos de “agricultura regenerativa” que permiten el uso de herbicidas, pesticidas y fertilizantes de síntesis, contraviniendo los principios básicos que sustentan este modelo.
¿Por qué es un problema permitir agrotóxicos en un modelo regenerativo?
Porque es una contradicción en los términos. La agricultura regenerativa –como han definido colectivos de práctica y centros de investigación– se basa en la exclusión del uso de agroquímicos tóxicos, por su impacto negativo sobre la fertilidad del suelo, los polinizadores, la salud humana y la biodiversidad. Numerosos estudios han demostrado que restaurar la vida del suelo y los ecosistemas solo es posible dejando de utilizar insumos tóxicos y adoptando prácticas como la cobertura vegetal, el pastoreo rotativo, la agroforestería o la diversificación productiva.
En este sentido, desde la campaña se recuerda que:
Ni la agricultura ecológica ni la regenerativa usan agrotóxicos.
No se puede regenerar un ecosistema aplicando veneno.
Las certificaciones que lo permiten incurren en greenwashing y perjudican al consumidor y al productor honesto.
Evidencia científica y redes implicadas
Desde entidades como el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), se subraya que existe una base científica sólida que demuestra que los sistemas agroecológicos y regenerativos son más resilientes al cambio climático, protegen la biodiversidad y garantizan la seguridad alimentaria a largo plazo. Actualmente, el proyecto REGEN está trabajando para generar un marco de referencia científica y práctica en torno a este modelo en el contexto ibérico.
Además, colectivos como la Red Ibérica de Agricultura Regenerativa llevan años definiendo y concretando qué es (y qué no es) esta agricultura, ofreciendo prácticas validadas en campo y manuales técnicos con base científica y práctica.
Objetivos de la campaña
La campaña busca:
Defender públicamente una agricultura regenerativa real y sin agrotóxicos, alineada con la evidencia científica y las prácticas de quienes la desarrollan desde hace años.
Visibilizar los intentos de greenwashing y generar conciencia pública sobre el uso indebido del término.
Apoyar a los productores, científicas/os y entidades que están trabajando por una transición agroecológica y justa.
¿Cómo apoyar?
Difundiendo la campaña y su lema: “Ni greenwashing ni venenos camuflados”.
Entrevistando y dando visibilidad a personas productoras y expertas que practican o investigan sobre agricultura regenerativa real.
SEAE junto a entidades de referencia del sector ecológico de Cataluña solicitan a la Unión Europea “que no permita el uso indebido del término Sostenible en la producción agraria”
Tras el fracaso de la Producción Integrada desde su introducción hace más de dos décadas, la Generalitat de Catalunya inició en septiembre de 2021 inició los trámites del anteproyecto de Ley de Producción Agrícola Sostenible. Siguiendo el transcurso de este proceso, el Gobierno y la Generalitat de Catalunya han notificado este proyecto de Ley a la Comisión Europea, con su registro en el Sistema de Información de Regulación Técnica (TRIS), concretamente el pasado 13/12/2024. Tras ello, quedó abierto el plazo para observaciones, que ha finalizado el 17/03/2024.
Desde los primeros trámites, el sector ecológico ha manifestado sus objeciones, primero ante la Generalitat y ahora, ante la Comisión Europea. El desacuerdo principal del sector ecológico se basa en el uso del término «sostenible» como marca: “este hecho genera confusión y, además, resulta un engaño para los/as consumidores/as. Utilizar “sostenible” para evocar características que no están garantizadas por los criterios propuestos en la Ley, infringe el Reglamentos (UE) n.º 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, sugiriendo que los productos amparados bajo esta Ley presentan características especiales. Pero en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características”, señalan las entidades ecológicas.
De igual manera, advierten que “vulnera la Directiva 2005/29/CE, relativa a las prácticas desleales de las empresas en sus relaciones con los consumidores en el mercado interior, al inducir a error al consumidor medio y puede hacerle tomar una decisión sobre su compra que de otro modo no habría tomado”.
¿»Sostenibilidad»?
La producción ecológica es el “único sistema de producción sostenible legalmente definido y regulado en la UE (por el Reglamento 848/2018)”
En cuanto a la sostenibilidad ambiental, las entidades cuestionan el uso del Análisis del Ciclo de Vida (ACV) como el de la Huella Ambiental del Producto (HAP) como metodologías, por no ser aplicables para la producción agroalimentaria. En el caso de la HAP recuerdan que “no está aceptado como tal para los sistemas agroalimentarios, puesto que no considera su complejidad ni la diversidad de factores que los condicionan”. Y explican: “Entre otros aspectos, la HAP no contempla el uso de insumos como los plaguicidas, los efectos sobre la biodiversidad, la calidad del suelo, la deforestación, así como muchos otros límites planetarios”.
Por otro lado, el grueso de las prácticas de sostenibilidad social que “supuestamente garantizaría la Ley, se limitan al cumplimiento de la normativa obligatoria”, afirman las entidades ecológicas. “Tampoco acierta con el análisis de la sostenibilidad económica al considerar los ingresos netos como la simple diferencia entre los ingresos totales y los gastos totales, obviando aspectos fundamentales para la sostenibilidad económica real, ni estableciendo cómo debe tenerse en cuenta la retribución del trabajo familiar”.
Además, las entidades destacan que “el uso del término «sostenible» supone una competencia desleal para la producción ecológica, que lleva décadas demostrando su sostenibilidad y que además, está sujeta a estrictos controles que garantizan cumplir con las cualidades que se le atribuyen”. En cambio, “la norma técnica para la evaluación de la sostenibilidad es mucho menos estricta que la certificación ecológica, permitiendo incluso el uso de insumos químicos y de transgénicos. Es un greenwhasing en toda regla”.
«La agricultura ecológica es el único sistema de producción sostenible legalmente definido y regulado en la UE (por el Reglamento 848/2018).
Desde la organización paraguas del sector ecológico europeo, IFOAM Organics Europe, se ha registrado igualmente una contribución en el TRIS, en la que se señala que «la agricultura ecológica es el único sistema de producción sostenible legalmente definido y regulado en la UE (por el Reglamento 848/2018). El Plan de Acción Ecológico de la UE (2021) tiene como objetivo desarrollar tanto la producción como el consumo de productos ecológicos, y la nueva Visión de la UE para la Agricultura y la Alimentación (2025) reconoce la contribución esencial de la agricultura ecológica a la renovación generacional y que el apoyo continuo a la agricultura ecológica sigue siendo esencial, especialmente en el contexto de la salud del suelo y la protección de los recursos naturales.»
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