La sociedad civil lanza 70 propuestas para impulsar políticas agroalimentarias innovadoras a nivel local

La sociedad civil lanza 70 propuestas para impulsar políticas agroalimentarias innovadoras a nivel local

  • Personas productoras y transformadoras, entidades, redes y agentes sociales y políticos del sector primario del territorio valenciano han elaborado la “Carta para la Soberanía Alimentaria de nuestras comarcas”, un conjunto de propuestas concretas encaminadas a impulsar la soberanía alimentaria desde el ámbito local.
  • La Carta, que se presenta de cara a las próximas elecciones, reclama avanzar en la generación de políticas municipales y autonómicas que pongan en valor la producción agroalimentaria y el territorio.

La situación del sector agroalimentario y del medio rural valenciano sigue siendo preocupante. Los pueblos se quedan sin gente, las tierras de cultivo se abandonan y, mientras la renta agraria disminuye, se exportan los mejores productos valencianos a precios bajos. A pesar de ciertos avances en el ámbito autonómico, como la Llei de l’Horta de València o el Pla valencià de Producció Ecològica, las “políticas” demuestran ser insuficientes para abordar con firmeza estas problemáticas. En este sentido, tras meses de trabajo, varias entidades, redes y agentes políticos y sociales del territorio valenciano han presentado, de cara a las elecciones municipales, un documento que reivindica el derecho de la ciudadanía a decidir sobre las políticas alimentarias, “poniendo en el centro los valores de la vida, el territorio y la sostenibilidad del planeta”.

A través de esta carta, se ofrecen una serie de propuestas para repensar el sistema agroalimentario “en clave de proximidad, justicia social y sostenibilidad de los territorios, pueblos, ciudades y comarcas”. El documento reclama avanzar en la generación de políticas municipales y autonómicas que pongan en valor la producción agroalimentaria y el territorio, y plasma dos objetivos básicos: “que las personas productoras puedan vivir dignamente, y que el fruto de su trabajo pueda alimentar de manera sana, sostenible y justa nuestros pueblos y ciudades”. En definitiva, se trata de entender que “la alimentación, y por tanto la agricultura, no deben entenderse como un negocio sino como un medio que sostiene nuestra vida y la de nuestros territorios”.

A problemas globales, medidas locales: hacia la Soberanía Alimentaria de los pueblos


En 2014, tras la celebración del I Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria, convocado por la Red Estatal de Economía Social y Solidaria, más de 30 entidades del ámbito estatal suscribieron la “Carta para la Soberanía Alimentaria desde nuestros municipios”, un documento que fijaba la necesidad de abordar de forma holística el sistema agroalimentario de los municipios, teniendo en cuenta tanto las dimensiones horizontales (medio ambiente, salud, cultura, patrimonio, ocupación, igualdad, educación…) como las dimensiones verticales de la cadena (producción, transformación, almacenaje, distribución, transporte, consumo, gestión de residuos), todo concebido en el marco de un contexto global.

Cinco años después, entidades, redes y agentes políticos y sociales del territorio valenciano se han reunido en el Xalet del Doctor Bartual en La Punta (Valencia) para trasladar las propuestas municipalistas al contexto valenciano, y plasmarlas en la “Carta para la Soberanía Alimentaria de nuestras comarcas”. Este documento recoge en 5 bloques las principales ideas para impulsar la soberanía alimentaria desde el ámbito local.

  1. Gobernanza alimentaria: se apuesta por la creación de espacios de participación e interacción entre la administración, la sociedad civil y los actores interesados en definir y desarrollar las estrategias y hacer seguimiento de estas.
  2. Dinamización del sector agroalimentario: se propone la necesidad de desarrollar un plan de formación y de capacitación en prácticas agroecológicas con el objetivo de profesionalizar y promover las actividades relacionadas con la soberanía alimentaria.
  3. Protección del territorio y gestión de los recursos naturales: se apuesta por promover una ley básica para la protección de los suelos fértiles, tal y como defiende la Red estatal Intervegas, para evitar la especulación, así como invertir y redistribuir recursos hacia el medio rural.
  4. Comercialización y consumo de proximidad: la Carta defiende los espacios locales como lugares para impulsar la Soberanía Alimentaria. Para fomentar los canales cortos de comercialización se establece la necesidad de dotar al sector productivo de infraestructuras para la transformación y la comercialización de los productos locales.
  5. Compra pública y cambio cultural: se exige una Ley de Compra Pública para orientar los pliegos de condiciones en equipamientos y servicios de titularidad pública (hospitales, escuelas), así como aprobar ordenanzas municipales para que todos estos servicios de titularidad pública incorporen criterios de alimentación sostenible, saludable y de proximidad.

Estas propuestas se harán llegar a todos los municipios del territorio valenciano, así como a la administración autonómica, con el fin de promover nuevas iniciativas para impulsar la soberanía alimentaria desde el ámbito local.


La Carta de la Punta es un trabajo colaborativo de entidades que trabajan en y por un medio rural vivo y a favor de la soberanía alimentaria desde una perspectiva agroecológica. Las entidades firmantes de esta carta somos:

Plataforma per la Sobirania Alimentària del País Valencià
REAS-PV, Xarxa d’economia alternativa i solidària del País Valencià
SEAE, Societat Espanyola d’Agricultura Ecològica/Agroecologia
Periferies del Món
Transversal Cooperativa
CERAI, Centre d’Estudis Rurals i d’Agricultura Internacional
Fundació Mundubat
Per l’horta
Cordinadora Camperola del País Valencià-COAG (CCPV-COAG)
Justícia Alimentària
COTASA cooperativa
Colla ecologista l’Arrel
Associació Del Camp a la Taula
Mercatremol
Xarxa d’Agroecologia de Castelló (XAC)
Spg Àlacant

La Zafra Cooperativa
Llavors d’ací, Associació per a la promoció de la biodiversitat agrària
El Llibrell, Eines per a la transformació social
EcoAltea
Mercatremol
Confraria de pescadors de Gandia
Spg Ecollaures
Entrepobles
La Camperola Cooperativa Agroecològica
Associació pel Desenvolupament Rural del Camp d’Elx
Biotrèmol
Federació d’Ecologistes en Acció del País Valencià
La sociedad civil lanza 70 propuestas para impulsar políticas agroalimentarias innovadoras a nivel local

Campesin@s, consumidor@s y ciudadan@s frente a la especulación alimentaria.

17 de abril de 2019.

Día Internacional de las Luchas Campesinas

El 17 de abril, La Vía Campesina y los movimientos sociales por la Soberanía Alimentaria -en recuerdo de la matanza de 19 campesin@s sin tierra en el Estado de Dos Carajas, Brasil, en 1996- promueven un Día internacional de Lucha Campesina. El 18 de diciembre de 2018, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la “Declaración sobre los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales”que obliga a los Estados a proteger los asentamientos campesinos e indígenas, la tierra y las semillas frente a su mercantilización y privatización por parte de las multinacionales. La Vía Campesina llama a movilizarse “a otros movimientos sociales organizados, sindicales, universidades, medios de comunicación amigxs y gobiernos que priorizan a los pueblos para defender los derechos campesinos de las políticas basadas en el mercado global y el agronegocio”.

La crisis del actual (Des)Orden Alimentario Internacional es producto de su propia dinámica constitutiva: la industrialización, mercantilización y globalización de la producción, la circulación y el consumo de los alimentos.

Los alimentos no deben ser tratados como mercancías. El acceso a una alimentación saludable y sostenible para todas las personas y la soberanía alimentaria de todos los pueblos para producir y consumir sus propios alimentos, son Derechos Fundamentales protegidos por las constituciones democráticas de los países y por la legislación internacional (Declaración de DDHH de la ONU de 1948 y Pactos Internacionales suscritos por el Sistema de Estados para la protección efectiva de los Derechos Humanos en su vertiente de Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Alimentarios.

Sin embargo, la libertad de producción de alimentos a gran escala para el mercado mundial -junto al consumo irresponsable inoculado por una publicidad multinacional sin límites ecológicos, políticos o jurídicos- desafía el imperio de la ley al tratar a los alimentos como mercancías sujetas a la competitividad de un mercado controlado por multinacionales que reciben el apoyo de las instituciones internacionales del mercado y de la mayoría de los estados.

El mundo produce más alimentos de los necesarios. Sin embargo, de 7.500 millones de habitantes, 800 millones pasan hambre al tiempo que se tira el 30% de la comida y 2.000 millones padecen sobrepeso, obesidad y enfermedades asociadas al exceso y la toxicidad de las mercancías alimentarias. Los gases de efecto invernadero vinculados a la industrialización de la agricultura y la ganadería radicalizan el Cambio Climático que rompe los ciclos biológicos de plantas y animales, eleva la temperatura y produce deshielo en los polos, lluvias torrenciales, tornados, sequías y desertificación. El empleo masivo de pesticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes, hormonas, antibióticos, aditivos alimentarios y envases, sobre todo plásticos, contaminan alimentos, agua, tierra y aire y obligan a incinerar miles de millones de toneladas de residuos que esparcen dioxinas, furanos y metales pesados, afectando gravemente a la seguridad alimentaria y a la salud ambiental.

El libre comercio de alimentos arruina las formas tradicionales de producción campesina de temporada, cercanía, circuitos cortos de comercialización y circuito cerrado de insumos, residuos y energía, privatiza los bienes comunes de la Naturaleza, derrocha el agua y hace muy difícil el acceso a la tierra y la vida en el medio rural, generando migraciones masivas. Las subvenciones a la producción por la producción y la competitividad por la competitividad, atrapan a la agricultura familiar campesina en un proceso destructivo y autodestructivo que impone a la producción agraria precios cada vez más bajos, dependencia de las multinacionales, deterioro de la calidad de los alimentos, de la biodiversidad y de la fertilidad de la tierra así como graves desequilibrios territoriales, abandono de la actividad agraria y despoblamiento de las zonas rurales a favor de un urbanismo patológico inviable desde todos los puntos de vista.

Frente a estas catástrofes que se retroalimentan entre sí, se alzan la Agroecología y el Consumo Responsable que revalorizan la cultura y los valores campesinos incorporando conocimientos agronómicos, diálogo y cooperación entre l@s numeros@s protagonistas de subsistemas alimentarios agroecológicos basados en una economía circular que tiende a residuos cero para afrontar y revertir los daños de la alimentación globalizada. La producción campesina cultiva a favor de la Naturaleza, proporciona alimentos para la población cercana y parte de los conocimientos agroganaderos tradicionales: rotación de cultivos, variedades locales, recolección en punto óptimo de maduración, cultivos de temporada, tecnologías respetuosas con los procesos y tiempos biológicos y devolución de los residuos orgánicos al suelo tras un adecuado compostaje. Es intensiva en mano de obra, impide la emigración forzosa y contribuye a la fertilidad de la tierra, al ahorro de agua, la reducción de la huella de carbono y la resiliencia frente al cambio climático.

La alimentación agroecológica es algo más que una moda. Avanza con paso firme, a pesar de –o gracias a- superar grandes obstáculos. El primer obstáculo está siendo la penetración intensiva en la producción y distribución masiva de alimentos ecológicos de los mismos capitales responsables del hambre y la comida basura. Las cadenas de gran distribución ya controlan el 70% del mercado de alimentos ecológicos. Estos inversores producen comida ecológica con sello oficial “bio” manteniendo la producción a gran escala, la distribución mundial, el trabajo precarizado o esclavo, el expolio de tierras, la coerción a l@s pequeñ@s productor@s y la consideración de los alimentos –ahora con sello ecológico- como mercancías rentables y no como la garantía del derecho fundamental a la alimentación.

El segundo obstáculo consiste en que, a pesar del aumento cuantitativo de la producción y el consumo ecológico, existe una gran debilidad de conocimientos agroecológicos en la población, en la clase política y en muchos técnicos y científicos afiliados al paradigma del crecimiento mercantil, pero también, en la mayoría de l@s actuales consumidor@s responsables cuya proporción de consumo ecológico es baja frente a su consumo convencional. Una reciente encuesta indica que, quienes consumen comida ecológica, lo hacen una vez al mes (40%), una vez a la semana (14%) o a diario (3%) y la eligen, sobre todo, porque es saludable (68%), desde hace más de 5 años (62%) prefiriendo la denominación “eco” a “orgánico” o “bio”.

El tercer obstáculo es la reacción del Sistema Alimentario Industrial, con su poder económico, institucional, mediático y “científico” ante el avance de los pequeños -pero valerosos- Sistemas Alimentarios Agroecológicos. Sin el menor pudor, la agroindustria y sus voceros califican a la Agroecología como un bulo carente de rigor científico que no aporta nada a una alimentación industrial reglada por normas nacionales e internacionales que garantizan “totalmente” la salud y la seguridad alimentaria.

En el “libre comercio de alimentos”, cada eslabón de la cadena sufre –pero también reproduce- la lógica depredadora de la especulación alimentaria. Por el contrario, la Agroecología tiene en cuenta las necesidades de la distribución y el consumo que, a su vez, contemplan las necesidades de la producción respetando los límites de la Naturaleza. La distribución agroecológica y el consumo responsable se basan en cultivos de temporada, cercanía, el menor número posible de intermediarios, comercio justo para productores y consumidores, cultura nutricional y gastronomía autóctonas, artesanía y pequeña industria transformadora que optimiza el aprovechamiento de los recursos y la reducción de los residuos. La Alimentación Agroecológica no puede prosperar sin la transformación del consumismo compulsivo en consumo responsable y sin redes propias de distribución eficientes y sostenibles frente a la gran distribución que impone su ley a productor@s y consumidor@s.

Las Luchas Campesinas son convergentes con las luchas de consumidor@s, mujeres y comunidades indígenas que, día a día, cuidan a las personas y a la Naturaleza, protegiendo semillas, agua, bosques y tierras de su privatización por parte de multinacionales o estados extranjeros.  Junt@s sembramos cultura alimentaria para crecer en salud, limitar la huella ecológica, cerrar la brecha metabólica campo-ciudad y crear redes de comercialización desde la responsabilidad compartida y equivalente de tod@s l@s actor@s del Sistema Alimentario Agroecológico (productor@s, pescador@s, elaborador@s, artesan@s, transportistas, logistas, distribuidor@s, cociner@s, nutricionistas, familias, consumidor@s, escuela, educador@s, científic@s, técnic@s y polític@s comprometid@s con la transición a Sistemas Alimentarios Agroecológicos). Desde la semilla en tierra fértil a la mesa responsable (familiar, escolar o institucional) producimos economía del bien común, cooperación, ecofeminismo, justicia, igualdad y seguridad y soberanía alimentaria para todas las personas y todos los pueblos.

La Agroecología es premisa y resultado en: a) la lucha contra el hambre, la malnutrición y la obesidad infantil, b) la garantía de la Soberanía y la Justicia Alimentarias, c) la promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y d) la mitigación del Cambio Climático.


La Garbancita Ecológica

Si vuestra entidad o colectivo comparte los contenidos de este comunicado, puede difundirlo y adherir su firma enviando un correo a lacestabasica@lagarbancitaecologica.org.

Todas las adhesiones serán registradas en nuestra web y enlazadas a vuestra página.

Los impuestos podrían ser una herramienta para llevar la contabilidad de los costes reales de producción

BOLZANO, ITALIA, 10 DE ABRIL DE 2019. IFOAM EU (traducción SEAE) – El cultivo de patata convencional en Alemania cuesta 1.298 €/hectárea (ha) solo en lo referido a contaminación de aguas subterráneas. En cambio, para la producción de patata ecológica, el coste de la contaminación del agua subterránea se reduce a 0,4 € / ha. El estudio «Los impuestos como herramienta para la contabilidad real de costes», que  ha presentado IFOAM EU en la primera edición del Foro de la Mejor Economía, muestra cómo los impuestos pueden ser una herramienta para un sistema alimentario más sostenible, más justo y más transparente.

El estudio «Suelo y más impactos» (Taxation as a tool towards true cost accounting_Final Report) (Soil & More Impacts), analiza los seis potenciales mecanismos de impuestos indirectos que podrían servir como herramienta para mostrar el coste real de los alimentos. El estudio muestra que un impuesto sobre los productos fitosanitarios no ecológicos (PPP) y/o los fertilizantes es la forma que más se ajusta a la realidad para explicar el verdadero coste de los alimentos. Un impuesto de este tipo también puede desincentivar el uso de productos para la protección de plantas (PPA) perjudiciales para el medio ambiente. Según Inka Sachse, investigadora de «Soil and More Impacts», el contexto cultural y económico de estos impuestos es crucial. Según declaró: «Solo una combinación de política, impuestos, comunicación y la propuesta de alternativas realistas resulta efectiva, mientras que la tributación podría tener menor importancia».

Eduardo Cuoco, Director de IFOAM EU, dijo: “El movimiento ecológico se compromete a encontrar soluciones para un sistema alimentario más justo y transparente. Para lograr esto, todos los operadores del sistema deben colaborar. Juntos, deben garantizar que el valor y el poder estén distribuidos equitativamente y que los costes y beneficios de la producción de alimentos se tengan en cuenta de forma equitativa «.

IFOAM EU desea trabajar con los responsables políticos para desarrollar un marco unificado de indicadores para una contabilidad real de costes. Esto haría que el principio de “quien contamina paga” sea tangible y recompense las prácticas que generan beneficios públicos. El movimiento europeo de agricultura y alimentación ecológicos espera que este estudio sea un punto de partida para establecer un sistema alimentario más sostenible, más justo y más transparente.


Para más información:

Eva Berckmans, Responsable de Comunicaciones;  eva.berckmans@ifoam-eu.org

Silvia Schmidt, Responsable de Políticas Alimentarias;  silvia.schmidt@ifoam-eu.org


Información adicional:

The Best Economy Forum es una plataforma de discusión internacional para empresas que aplican con éxito estrategias de sostenibilidad.

IFOAM EU encargó el estudio ‘Los impuestos como una herramienta para la contabilidad real de costes’ para el suelo y más impactos

IFOAM EU representa a más de 200 organizaciones miembros en la UE-28, los países en vías de adhesión a la UE y la AELC. Las organizaciones miembros abarcan toda la cadena de alimentos ecológicos e incluso más allá: desde organizaciones de agricultores y elaboradores, minoristas, certificadores, consultores, comercializadores e investigadores, hasta organismos de defensa del ambiente y del consumidor.