Empezando por una exigencia concreta: que España reconozca el párkinson como enfermedad profesional en personas expuestas a plaguicidas. Italia lo hizo en 2008, Francia en 2012 y Alemania ha completado su incorporación este año. El Estado español, uno de los que más plaguicidas comercializa de toda la Unión Europea, sigue sin hacerlo, pese a que cualquier exposición a lo largo de la vida se asocia a un incremento del riesgo de en torno al 80 % y a que más de 150.000 personas conviven ya con la enfermedad en nuestro país. SEAE respalda la petición junto a Ecologistas en Acción y WWF.
La otra reivindicación llega de Bruselas y es sobre el retroceso que supone la desregulación de las nuevas técnicas genómicas aprobada en junio por el Parlamento Europeo, sin poner freno a las patentes sobre semillas, y qué margen queda para proteger el fitomejoramiento tradicional.
En lo técnico, el número trae un metaanálisis de la Universidad de Jaén sobre las decisiones de manejo que reducen la huella ambiental, los parientes silvestres de los cultivos, los valores ecosistémicos de la oveja Lojeña, bioestimulantes a partir de algas gallegas, la adaptación al clima en el Mar Menor y los conflictos entre agricultura y macroproyectos renovables.
La salud, el hilo que lo une todo
Y completan la edición iniciativas agroecológicas como los huertos municipales de Uceda, Singulars, UNIALIMENTA impulsando la alimentación ecológica en las cafeterias de la Universidad y un reconocimiento a los los treinta años de CERAI Aragón. También hay un artículo destacado sobre la nueva Ley de FP como oportunidad para la formación agroecológica; la entrevista a Lucía López Marco, autora de «Nosotras somos semilla»; el perfil de Manuel González de Molina, y cinco fichas prácticas: cebollón de Torres de Alcanadre, avispón asiático, leguminosas arbustivas ibéricas, cola de caballo y raza merina variedad negra.
En definitiva, hay un hilo lo cose todo y es la salud: la del suelo, la del agua, la de quienes trabajan la tierra y la de quienes comen. No puede ser un efecto colateral de la política agraria, debe ser la decisión de fondo.
Hay una cifra que describe al sector ecológico navarro y una lista de nombres que lo explica. La cifra: 72.438 hectáreas certificadas, un 7,83 % de la superficie agraria, 763 operadoras y 177 millones de euros de volumen de negocio, un 6,63 % más que el año anterior. La lista: CPAEN-NNPEK (cumple 30 años) y el Ekomercado, INTIA, Ekoalde, Hazialdeko,Kalaska, Landare,Zunbeltz, Mirua microcoop, la Red de Semillas de Navarra, Geltoki, REAS Nafarroa… y más. El nuevo número de la Revista Ae,un especial dedicado a Navarra, se ocupa sobre todo de reflejar toda esa articulación que da vida a la agroecología en el territorio.
“Navarra Ecológica” recoge 5 entrevistas que permiten abordar el sector desde distintos ámbitos: la certificación pública, la docencia e investigación, la técnica y práctica, la gobernanza colectiva y la transmisión de conocimientos. María Josefa Arrondo, presidenta de CPAEN-NNPEK y agricultora ecológica, aporta un dato que bien resume estas tres décadas, uno de cada tres hogares navarros compra ya alimentos ecológicos y el 97 % afirma conocerlos. El edafólogo Alberto Enrique cuenta cómo la Agricultura Ecológica y Agroecología comenzaron en la UPNA.
Desde INTIA, Natalia Bellostas y Esther Sotil cuentan cómo casi una cuarta parte de los ensayos de la entidad ya se hacen en ecológico y la finca experimental de Sartaguda, con sus 20 hectáreas inscritas, se ha convertido en referencia estatal. Para ambas, la producción ecológica tiene que ser «la punta de lanza de la transición del sistema agroalimentario navarro hacia la resiliencia». Y Mirua Microcoop, con Ainara y Silvia, lleva la agroecología a escala municipal, con iniciativas como el acompañamiento para la reconversión del comedor de la escuela infantil de Baztan, donde hoy casi la mitad de la compra va a productoras del valle.
Cierra José Uranga, referente del sector ecológico navarro desde sus inicios, ingeniero técnico agrícola y cocinero, recién nombrado socio de honor de SEAE. Y lo hace sin consignas: «Yo ya no comulgo con eslóganes del tipo «la agricultura será ecológica o no será»; me suenan a vender humo».
Lo colectivo como infraestructura
El grueso del número son las experiencias. Zunbeltz, primer Espacio Test Agrario de Navarra, donde quien quiere entrar en la ganadería extensiva ecológica prueba antes de comprometerse. Ekoalde y su central de acopio en Noáin. Hazialdeko, que resolvió la falta de servicios de limpieza y almacenaje de grano para volúmenes pequeños. Kalaska, cooperativa público-comunitaria que mantiene vivo el matadero comarcal de Sakana. Geltoki, en la antigua estación de autobuses. Deierriko Ostatua, una bodega cooperativa de Arizala reconvertida en mercado social.
A eso se suman catorce fincas y obradores, el paso de Landare —tres décadas consumiendo ecológico y ahora también cultivándolo— y la alianza entre la Red de Semillas de Navarra y Arrea por la biodiversidad cultivada.
Y detrás de buena parte de este tejido, REAS Nafarroa, la red de economía social y solidaria que agrupa a 62 entidades y que impulsó la recuperación de la antigua estación de autobuses de Iruña, hoy convertida en Geltoki: taberna, tienda y centro cultural con la soberanía alimentaria en el centro.
En definitiva, este número recoge cómo se transforma un sistema alimentario, desde una estructura colectiva capaz de coordinar producción, transformación, distribución y consumo. Eso es lo que Navarra lleva tres décadas tejiendo.
Esta tipología de mataderos es el eslabón que conecta a quienes crían el ganado con quienes lo consumen. Sin ellos, las pequeñas ganaderías pierden la posibilidad de sacrificar cerca, diferenciar su producto y venderlo en canales cortos. El problema que refleja la guía es que casi han desaparecido. Entre 1974 y 2025 el Estado español pasó de contar con 2.922 mataderos a apenas 575, y los de titularidad pública —los que vertebraban cada comarca— cayeron del 74 % al 13 %. La distancia hasta las grandes plantas industriales, a menudo a cientos de kilómetros, encarece los costes, penaliza el bienestar animal y empuja al abandono a muchas granjas de pequeña escala.
Frente a ese retroceso, la guía documenta nueve casos de éxito muy distintos entre sí, que muestran el alto grado de innovación técnica y social que hoy representan estas infraestructuras. Van desde el matadero en finca de El Soler de n’Hug (Prats de Lluçanès, Barcelona), donde una familia ganadera fabricó su propio módulo de sacrificio por algo más de 20.000 euros, hasta el matadero móvil de la Catalunya Central, gestionado por ARCA, que faena en la propia granja y evita desplazamientos y estrés animal. En Aínsa-Sobrarbe (Huesca), el matadero municipal ecológico que gestiona la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos transforma los subproductos del sacrificio en alimento para aves carroñeras amenazadas, cerrando el círculo entre producción de carne y conservación. Y en Orduña (Bizkaia), el centro colectivo Belardi articula a 42 familias ganaderas en torno a un modelo de gobernanza asambleario, con parte de las tareas comunitarias resueltas mediante el auzolan, el trabajo vecinal y no remunerado propio de la tradición vasca.
77 pequeños mataderos identificados
El proyecto RITA ha elaborado además un mapa que localiza por primera vez estas instalaciones en el conjunto del Estado, 68 pequeños mataderos y centros de transformación cárnica, 2 mataderos móviles y 7 pequeños mataderos en fincas. El mapa también identifica 7 mataderos modulares (caso específico de Ceuta) y 36 obradores compartidos, otro tipo de infraestructuras colectivas con fuerte carácter de innovación social, y sobre las que RITA también ha publicado una guía para su impulso. En total son 111 infraestructuras que pueden consultarse en el mapa publicado en la página web de RITA:https://taapa.org/#mapa-icta
Esta herramienta es un instrumento vivo que refleja el conjunto de iniciativas colectivas al servicio de la transformación alimentaria a pequeña y mediana escala. Cualquier persona que conozca experiencias de este tipo, puede añadirlas rellenando un formulario: https://forms.komun.org/nuevo-punto-rita.
Los datos dibujan un mapa principalmente rural ya que la mayoría de estos mataderos, más del 70%, operan en municipios pequeños – de menos de 10.000 habitantes y de menos de 5.000, con un total de 59 identificados en estas áreas – . Son infraestructuras con una función pública y social estratégica, situadas en lugares donde la actividad ganadera resulta esencial para fijar población y gestionar el territorio (prevención de incendios, conservación de biodiversidad, etc.) además de dar un servicio a las pequeñas y medianas empresas del sector, fomentando la economía y empleo local.
Precisamente por su peso en estas zonas, la continuidad de este tipo de instalaciones no puede quedar al azar. Y la guía es tajante sobre ello: donde falta voluntad política y apoyo público, estos mataderos no arrancan o terminan echando el cierre. Donde sí hay voluntad y apoyo público, funcionan. La guía señala que las experiencias más sólidas comparten la misma receta —gestión colectiva, alianzas a lo largo de la cadena alimentaria y respaldo de las administraciones—, como demuestran las líneas de ayuda específicas de la Generalitat de Catalunya o el impulso de la Diputación de Barcelona. Su viabilidad, concluye la guía, dependerá de que las administraciones asuman esa responsabilidad.
Cuenta con el apoyo y acompañamiento de la Fundación Daniel y Nina Carasso a través de su eje Alimentación Sostenible, contribuyendo a la transformación de la sociedad hacia un modelo más ecológico e inclusivo y un desarrollo en plenitud.
El consorcio europeo OH-FINE, del que SEAE forma parte, ha puesto a disposición del sector una plataforma gratuita que combina un asistente conversacional con IA, un sistema de apoyo a la toma de decisiones y una red de personas expertas de toda Europa. Está pensada para quienes producen, asesoran, certifican o investigan en agricultura ecológica.
Organic Farming Compass
Quien produce en ecológico convive con una paradoja incómoda: hay más conocimiento técnico disponible que nunca —proyectos europeos, ensayos de campo, manuales, normativa— y, al mismo tiempo, encontrar la respuesta concreta a un problema concreto sigue costando horas. El conocimiento existe. Está mal repartido y peor indexado.
A cerrar esa brecha apunta Organic Farming Compass, la plataforma que el proyecto europeo OH-FINE (Organic Farming Innovations Network Europe) presentó oficialmente el pasado mes de julio y en cuyo desarrollo participa SEAE junto al resto del consorcio.
La herramienta se articula en torno a dos funciones principales:
Un asistente conversacional con inteligencia artificial. Se le pregunta en lenguaje corriente y responde con orientación adaptada al contexto. La diferencia con un chatbot genérico está en la fuente: se ha entrenado con el conocimiento generado por el propio proyecto y revisado por personas expertas en producción ecológica, no con material recopilado indiscriminadamente de la red.
Un sistema de apoyo a la toma de decisiones (DSS, por sus siglas en inglés). Permite comparar alternativas y valorar opciones en función del perfil y la situación de cada cual: agricultoras y agricultores, personal asesor y técnico, entidades de certificación u otros perfiles profesionales del sector.
A ambas se suma el acceso a documentación técnica, recursos especializados y contacto con una red de profesionales repartida por toda Europa, de modo que la información fiable esté disponible en el momento en que hace falta.
Organic Farming Compass nace de la comunidad paneuropea de aprendizaje en producción ecológica que impulsa OH-FINE, un proyecto orientado a fortalecer la capacidad de decisión de quienes trabajan la tierra en ecológico mediante innovación e intercambio de conocimiento. El trabajo se organiza en centros regionales de conocimiento y ensayos de campo distribuidos por varios países, con un enfoque multiactor que sitúa la práctica agraria en el centro.
SEAE participa en este proyecto para que el conocimiento agroecológico circule, se contraste y llegue a las fincas en un formato utilizable.
El proyecto «Organic Farming Innovations Network Europe» (OH-FINE) ha celebrado su reunión de balance, la asamblea general y la visita cruzada en Suiza (en mayo de 2026). El FiBL, uno de los 19 socios del proyecto procedentes de nueve países, ha acogido el evento en su campus de Frick con un programa de cuatro días de presentaciones del proyecto y visitas fincas ecológicas suizas.
El proyectoOH-FINE, una iniciativa europea centrada en la creación de una sólida red para el intercambio de conocimientos entre agricultores/as ecológicos de la que forma parte SEAE, ha completado con éxito su tercera visita cruzada. El proyecto, diseñado para abordar los retos que plantea la conversión a la agricultura ecológica y fomentar métodos innovadores de cultivo y comercialización tras la conversión, reunió a casi 50 participantes de nueve países europeos en esta última excursión.
Celebración de los avances y planificación de las próximas etapas
El primer día tuvo lugar la reunión oficial de revisión, a la que asistieron los socios del proyecto OH-FINE, la responsable del proyecto de la Comisión Europea y evaluadores externos. Al día siguiente se celebró una asamblea general. En ambos días, la atención se centró en revisar el trabajo realizado al final del primer periodo de informe, los problemas encontrados y superados, y en planificar los próximos pasos. Además, la responsable del proyecto, Céline Choquer, ofreció una presentación titulada «Cómo maximizar el impacto de tu proyecto».
Descubriendo la agricultura ecológica suiza
Los días tres y cuatro se dedicaron a la visita cruzada, durante la cual agricultores/as y asesores de los países socios exploraron innovaciones y compartieron sus conocimientos. La jornada comenzó con una presentación sobre los aspectos clave de la agricultura ecológica en Suiza. A continuación, Pascal Nägele, responsable de la finca del FiBL, ofreció una visión de la vida de un agricultor que trabaja en estrecha colaboración con un instituto de investigación. Al mismo tiempo, Meike Grosse, investigadora del departamento de ciencias del suelo del FiBL, dirigió una visita guiada a las parcelas experimentales de cultivo del FiBL.
Por la tarde, el grupo llegó a Tannenhof Möhlin, donde los responsables de la explotación, Hans y Käthi Metzger, junto con su hijo y sucesor, David, dieron la bienvenida al grupo para la segunda visita a una explotación. La familia lleva gestionando la granja Tannenhof según los principios de la agricultura ecológica con una certificación de Bio Suisse desde 2015 (Bio Suisse es la organización paraguas de los agricultores ecológicos suizos). Actualmente cultivan más de 20 hectáreas de cultivos herbáceos, entre los que se incluyen lino de invierno, colza de invierno, trigo de invierno, soja y trigo sarraceno.
El cuarto y último día, los miembros de la red OH-FINE tuvieron la oportunidad de visitar el famoso ensayo DOK, el ensayo de campo a largo plazo más importante del mundo que compara los sistemas de agricultura ecológica y convencional, situado cerca de Basilea. Creado en 1978, ha sido gestionado conjuntamente por el FiBL y Agroscope desde entonces, con el apoyo de un grupo asesor de agricultores.
A continuación, el grupo se detuvo en la vecina granja Birsmattehof para realizar una última visita a una finca agrícola. El coordinador de la finca, Alexander Tanner, y su hija Lara, responsable de los invernaderos, ofrecieron una visita guiada por las instalaciones. Una característica destacada de la finca es la cooperativa Agrico, que cuenta con más de 1.000 socios y otra sede agrícola en Alemania. Conocida por sus cestas de verduras por suscripción, con 150 puntos de recogida en Basilea y sus alrededores, promueve el consumo de verduras locales y de temporada de acuerdo con las normas de Bio Suisse.
La excursión de OH-FINE concluyó con una sesión de reflexión en el campus del FiBL. Tras la fase inicial del proyecto, la red está ahora un paso más cerca de alcanzar su objetivo de empoderar a los agricultores europeos mediante la promoción y el intercambio de conocimientos y soluciones sobre agricultura ecológica sostenible que se adapten a las capacidades de los agricultores, a las demandas de los consumidores y a las tendencias cambiantes del sector alimentario.
La Red de Impulso a la Pequeña Transformación Alimentaria (RITA), de la que SEAE forma parte como una de las entidades promotoras, publica una guía de recomendaciones prácticas para impulsar la creación de obradores compartidos: espacios de uso colectivo, equipados y registrados conforme a la normativa sanitaria, donde distintas personas y proyectos pueden elaborar sus alimentos en una misma instalación.
En un momento de costes de producción al alza y serias dificultades para que la agricultura familiar y los pequeños proyectos agroalimentarios encuentren relevo generacional, los obradores compartidos funcionan como auténticos viveros de emprendimiento. Facilitan el salto de la producción agraria a productos ya elaborados, con valor añadido, y sin grandes desembolsos.
La mayor ventaja de los obradores compartidos es que rebaja una de las barreras más duras para las pequeñas producciones locales y las pymes alimentarias como es la fuerte inversión inicial que supone montar un obrador propio. Compartir el espacio abarata la entrada y permite probar la actividad antes de salir al mercado.
Cómo funcionan los obradores compartidos y qué aportan
Cada persona productora puede elaborar ella misma sus productos, encargar la elaboración a un o una profesional a partir de las materias primas que aporta, o combinar ambas fórmulas. En todos los casos, el uso compartido saca más partido a los recursos y genera sinergias entre las partes.
Estos espacios también ayudan a regularizar y comercializar elaboraciones que hoy se hacen de forma casera, lo que favorece el autoempleo, la profesionalización del sector y la fijación de población en el medio rural. Y suman un valor menos visible pero decisivo: tejen cooperación y alianzas entre quienes producen y elaboran, y con el resto de agentes de la cadena alimentaria local. En la práctica, sostienen la actividad agraria a escala local y todo el ecosistema que la rodea.
Qué encontrarás en la guía de obradores compartidos
La finalidad de esta guía es compartir conocimiento a tener en cuenta en el proceso de creación, para ayudar a que este proceso se haga de forma planificada, consciente y adecuada al contexto particular. Dirigida a entidades públicas y privadas que se planteen impulsar un obrador en su territorio, la guía ordena el proceso paso a paso:
los cinco aspectos clave que conviene resolver antes de empezar;
las distintas formas de gobernanza y gestión;
las modalidades de registro sanitario, con las oportunidades y dificultades de cada una;
un mapa estatal con los 35 obradores ya en funcionamiento (y otros 6 a punto de arrancar);
y un listado de documentos de referencia.
A lo largo del texto se recogen ejemplos reales de obradores que ya funcionan, según su organización, su gobernanza o su modalidad de registro sanitario.
Desde SEAE entendemos la agroecología como una ciencia que abarca toda la cadena, incluida la transformación de los alimentos y su llegada a mercados locales justos. Por eso apoyamos el impulso de los obradores compartidos. Son, en muchos territorios, la pieza que faltaba para que quienes producen en ecológico puedan dar valor añadido a sus cosechas sin renunciar a su escala ni a sus principios, y para que ese valor —y el empleo que genera— se quede cerca de donde se cultiva. Apoyar estos espacios es, para SEAE, apoyar una transición agroalimentaria real, arraigada y al alcance de los proyectos pequeños.
Cuenta con el apoyo y acompañamiento de la Fundación Daniel y Nina Carasso a través de su eje Alimentación Sostenible, contribuyendo a la transformación de la sociedad hacia un modelo más ecológico e inclusivo y un desarrollo en plenitud.
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