Como cada año en BIOFACH, la feria referente del sector internacional de la alimentación ecológica celebrada en Nuremberg, se presenta la edición de «El mundo de la agricultura ecológica» («The World of Organic Agriculture»), publicada por el Instituto de Investigación de Agricultura Ecológica FiBL e IFOAM – Organics International. En esta 27.ª edición ofrece una revisión exhaustiva de los últimos avances en la agricultura ecológica a nivel mundial. Presenta estadísticas detalladas sobre la agricultura ecológica en relación con la superficie dedicada a la gestión ecológica, el uso del suelo y los cultivos, el número de explotaciones y otros tipos de operadores, las ventas al por menor y los datos sobre el comercio internacional.
El mercado ecológico europeo bate otro récord en 2024: la superficie agrícola se mantiene estable en 19,6 millones de hectáreas
En 2024, las ventas minoristas de productos ecológicos en Europa ascendieron a 58 700 millones de euros, lo que indica una renovada confianza de los consumidores en los principales mercados. Alemania siguió siendo el mayor mercado de Europa, mientras que Suiza destacó por tener el mayor consumo per cápita y la mayor cuota de mercado ecológico del mundo. Al mismo tiempo, la superficie dedicada a la agricultura ecológica en Europa se mantuvo estable.
(Frick/Bonn, 10 de febrero de 2026) Estas últimas estadísticas se publican en «El mundo de la agricultura ecológica: estadísticas y tendencias emergentes 2026», presentadas por el Instituto de Investigación de Agricultura Ecológica FiBL y sus socios el 10 de febrero de 2026, en Biofach, la feria líder mundial de alimentos ecológicos, que se celebra en Núremberg (Alemania).
En 2024, Alemania siguió siendo el mayor mercado ecológico de Europa (17 000 millones de euros), seguida de Francia (12 200 millones de euros) e Italia (5200 millones de euros). Las ventas minoristas de productos ecológicos en Europa alcanzaron los 58 700 millones de euros (UE: 49 500 millones de euros), lo que supone un aumento del 4,1 % en Europa y del 3,6 % en la Unión Europea. Suiza registró el mayor consumo per cápita del mundo, con 481 euros por persona, y la mayor cuota de mercado ecológico del mundo, con un 12,3 % de las ventas totales de alimentos en 2024.
Las tierras agrícolas ecológicas en Europa se mantuvieron en 19,6 millones de hectáreas (UE: 18,1 millones de hectáreas), con una cuota ecológica del 3,9 % en Europa y del 11,1 % en la UE. Los países con las mayores superficies agrícolas ecológicas de Europa fueron España (2,9 millones de hectáreas), Francia (2,7 millones de hectáreas) e Italia (2,5 millones de hectáreas). Liechtenstein siguió teniendo la mayor proporción de tierras ecológicas del mundo (43,5 %).
El comercio internacional se fortaleció aún más. En 2024, la UE importó aproximadamente 2,64 millones de toneladas métricas de productos agroalimentarios ecológicos, siendo los Países Bajos, Alemania y Bélgica los mayores importadores en volumen; Ecuador siguió siendo el principal proveedor, y las frutas tropicales, especialmente los plátanos, dominaron los volúmenes de importación.
Los resultados del proyecto se han presentado en una jornada en el Congreso de los Diputados. En representación de SEAE, ha participado César A. López (UAM), como parte de la Junta Directiva de SEAE. El evento será un espacio de diálogo para reflexionar sobre el papel clave de la agricultura familiar en la transición ecológica y el futuro del medio rural.
La agroecología como aliada de la agricultura familiar
El informe «Agricultura Familiar y Agroecología» ha sido coordinado por Aina Calafat Rogers (SEAE) y Jose Manuel Delgado (UPA), y elaborado por Aina Calafat, Alejandro Durán y Alba Mompó, del equipo técnico de SEAE. En este trabajo se analiza la relación simbiótica entre la agricultura familiar y la producción ecológica, identificando cómo ambos modelos se refuerzan mutuamente y contribuyen a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El informe destaca que la agricultura familiar constituye el cimiento natural para expandir la producción ecológica. Su arraigo territorial, el conocimiento tradicional acumulado durante generaciones, la escala de manejo que permite una observación detallada del agroecosistema y su compromiso a largo plazo con la tierra, la convierten en el vehículo más efectivo para desarrollar sistemas alimentarios verdaderamente sostenibles. A su vez, la producción ecológica ofrece a las iniciativas familiares mayor autonomía económica al reducir la dependencia de insumos externos, mejor acceso a mercados diferenciados con precios más justos, y una mayor resiliencia frente a los impactos del cambio climático. El documento concluye que «la una sin la otra, difícilmente alcanzarán su máximo potencial».
El proyecto OH-FINE sigue ampliando su red de técnicos y productores, centrándose en prácticas sostenibles de gestión del suelo en Castilla y León. Un reciente taller reunió a diversas partes interesadas para colaborar en ensayos experimentales y explorar enfoques innovadores de gestión de cultivos de secano.
Sesión inaugural: La jornada comenzó con una visión general del proyecto OH-FINE, en la que se presentaron sus principales objetivos e hitos para los próximos años. La sesión hizo hincapié en la importancia de crear una red de innovación sólida y abierta entre todas las partes interesadas.
Taller de co-creación: Dirigida por el equipo IRNASA-CSIC, esta sesión interactiva fomentó la colaboración entre científicos y productores. Juntos, definieron diseños de ensayos experimentales destinados a abordar los retos del mundo real a los que se enfrentan los agricultores de la región.
Ideas técnicas: Roberto Ruiz de Arcaute, investigador del Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario (NEIKER), compartió su experiencia en la gestión del suelo para cultivos herbáceos de secano. Su presentación destacó las técnicas para regenerar la fertilidad del suelo y reducir la dependencia de insumos externos, ofreciendo soluciones prácticas para una agricultura sostenible.
Un modelo de producción ecológica y redes locales
La conferencia concluyó en La Alquería de Perahuy, donde los participantes exploraron un ejemplo de éxito de producción y comercialización ecológicas en la provincia. El día terminó con una comida compartida con productos locales, subrayando la importancia de fomentar redes locales fuertes.
Esta reunión supuso un paso importante para el grupo de Castilla y León de OH-FINE, al consolidar una estructura de trabajo en la que los productores desempeñan un papel central a la hora de impulsar la innovación agrícola. Mediante la participación activa del sector productivo, el proyecto pretende crear soluciones prácticas y de gran impacto para el futuro de la agricultura sostenible.
Tanto si vas a presentar comunicación como si quieres participar como oyente, ya puedes inscribirte al Congreso Internacional de Agricultura Ecológica que se celebra en Iruña/Pamplona del 22 al 25 de abril. Inscríbete a través de este enlace.
SEAE anima a participar a investigadores/as, personal técnico, agricultores/as, ganaderos/as, empresas de transformación y comercialización, entidades de certificación, administraciones públicas, educadores/as, comunicadores/as y todas las personas y organizaciones comprometidas con la transición agroecológica. INSCRIPCIONES AQUÍ.
Este Congreso será un punto de encuentro fundamental para tejer redes, compartir conocimientos y construir colectivamente el futuro de la agroecología. Vuestra experiencia y vuestro trabajo son imprescindibles para que «Agroecología: raíces y futuro» sea más que un lema: un compromiso compartido.
La jornada formativa “Micorrizas autóctonas para adaptar nuestros cultivos al cambio climático. Aprende a elaborar inóculos micorrízicos adaptados a tu suelo y clima”, organizada en el marco del proyecto CultivEco – Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor ha reunido en el CIFEA de Torre Pacheco a agricultores/as y técnicos/as interesados en profundizar en el papel de la simbiosis micorrízica como herramienta práctica para mejorar la salud del suelo y reforzar la resiliencia de los sistemas agrarios frente al estrés climático.
La formación ha sido impartida por Lázaro Muñoz, de Ecolución, empresa que acompaña a agricultores y que está orientada a transformar el conocimiento técnico en soluciones aplicables en finca. Su enfoque parte de comprender los sistemas agrarios como conjuntos interrelacionados, donde el suelo, los microorganismos, las plantas y el manejo agronómico interactúan como una maquinaria viva, priorizando procesos ecológicos frente a la dependencia de insumos externos o productos comerciales estandarizados.
Micorrizas: función y aplicaciones en agricultura ecológica
Las micorrizas son asociaciones simbióticas entre determinados hongos del suelo y las raíces de las plantas, especialmente las micorrizas arbusculares, predominantes en la mayoría de los cultivos agrícolas. A través de esta relación, las plantas amplían su capacidad de exploración del suelo, accediendo de forma más eficiente al agua y a nutrientes esenciales (siempre y cuando se usen bien pues si no se usan bien, pueden provocar problemas en los frutos y de plagas y enfermedades).
Además, la actividad micorrízica favorece la estructuración del suelo, incrementa la estabilidad de los agregados, mejora la infiltración y puede contribuir a la protección frente a determinados patógenos del suelo. En sistemas de agricultura ecológica, donde se prioriza el funcionamiento biológico del suelo, estas asociaciones juegan un papel clave en la reducción de la dependencia de insumos externos y en el fortalecimiento de la resiliencia del agroecosistema.
Para los agricultores y agricultoras de la cuenca vertiente del Mar Menor, caracterizada por condiciones climáticas exigentes, suelos vulnerables y una elevada presión hídrica, el aprovechamiento de micorrizas autóctonas representa una innovación práctica con impacto directo en la sostenibilidad productiva.
La jornada ha ofrecido contenidos teóricos para la elaboración artesanal de inóculos micorrízicos adaptados a suelos y climas locales, promoviendo la autonomía técnica y el uso consciente de los recursos del entorno.
Durante la jornada, Lázaro Muñoz ha insistido en la importancia de contextualizar el uso de micorrizas y evitar enfoques simplistas o generalistas. Desde una mirada agroecológica, subraya que las micorrizas no constituyen una solución universal ni automática, ya que su eficacia depende del manejo del sistema agrario, del estado del suelo y del historial de insumos. En sistemas convencionales intensivos, con suelos muy alterados por fertilización mineral o uso recurrente de fitosanitarios, la inoculación micorrízica puede no generar beneficios esperables.
Del mismo modo, señala que en parcelas con arbolado adulto y bien establecido, donde ya existen redes fúngicas funcionales, resulta más eficiente invertir en prácticas como las cubiertas vegetales o la mejora de la materia orgánica que en la aplicación de micorrizas externas. Este enfoque refuerza una idea central del proyecto CultivEco y el impulso de buenas prácticas agrarias: no se trata solo de añadir insumos, sino de activar procesos ecológicos ya presentes en el agroecosistema.
Un paso más hacia el impulso de buenas prácticas agrarias en el Mar Menor a través de la formación
Esta jornada se integra en el itinerario formativo de CultivEco, orientado a facilitar la adopción de buenas prácticas agroecológicas y a acompañar a agricultores y agricultoras en la transición hacia la producción ecológica. En este marco, el manejo consciente de las asociaciones micorrízicas se presenta como una estrategia válida tanto para sistemas en transición como para fincas ecológicas consolidadas que buscan reforzar su resiliencia frente a los efectos del cambio climático.
Como continuación de este ciclo formativo, desde CultivEco se invita a las personas interesadas a participar en la próxima jornada “De residuo a recurso: materia orgánica de calidad para una agricultura ecológica productiva”, que se celebra el 4 de febrero de 2026 en el mismo centro. Esta sesión profundiza en el papel de la materia orgánica como base del suelo sano, abordando sus distintos orígenes, tratamientos y su influencia directa en la fertilidad y productividad de los sistemas agrarios.
El proyecto CultivEco, Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Convocatoria de ayudas para la restauración y mejora ambiental en el ámbito agrícola, para contribuir a la recuperación de la funcionalidad ecológica del Mar Menor, incluida en la línea 6 del Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor.
“Las opiniones y documentación aportadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor o autores de los mismos, y no reflejan necesariamente los puntos de vista de las entidades que apoyan económicamente el proyecto”.
«Se trata de una peligrosa carrera a mínimos que pone en riesgo la agroecología, la seguridad alimentaria, la salud y la soberanía alimentaria»
Desde la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE) manifestamos nuestra profunda preocupación y rechazo ante la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, prevista para este 17 de enero de 2026. Este tratado, presentado como un hito económico y geopolítico, representa en realidad una carrera a mínimos en materia de derechos sociales y salubridad ambiental y alimentaria, incompatible con los objetivos de sostenibilidad, acción climática y transición agroecológica que Europa dice defender. Como productoras y consumidoras, con la aprobación de este acuerdo vamos a perder por completo la capacidad de decisión sobre nuestra alimentación, una cuestión mucho más que preocupante.
Este acuerdo profundizará la vulnerabilidad en todas las escalas sociales del sistema alimentario. La pequeña agricultura y la producción ecológica quedarán aún más expuestas a la competencia desleal, al uso intensivo de sustancias tóxicas y a los impactos crecientes del cambio climático, mientras que las grandes corporaciones reforzarán su control sobre los medios de producción —tierra, semillas, insumos y canales de distribución— y concentrarán las decisiones estratégicas sobre qué, cómo y para quién se producen los alimentos. Esta pérdida de control colectivo sobre la alimentación nos hace a todas las personas más dependientes y frágiles frente a un modelo que prioriza el beneficio económico sobre la vida. En este escenario, el derecho a una alimentación sana y suficiente se vacía de contenido y se impone una lógica en la que, cada vez más, trabajaremos únicamente para poder comer.
El acuerdo UE–Mercosur se inscribe en una arquitectura de tratados de libre comercio que priorizan la mercantilización de bienes y servicios por encima de los derechos humanos, la protección de la naturaleza y el arraigo de los sistemas productivos en los territorios. Bajo esta lógica, los alimentos dejan de ser un derecho básico para convertirse en meras mercancías, y la regulación pública se subordina a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. Este enfoque reduce la capacidad de los Estados y de las comunidades para proteger la salud, el medio ambiente y las economías locales, y consolida un modelo que concentra poder y decisiones en manos de unos pocos actores privados. Frente al poder corporativo, como persona, como ciudadanía, comunidades rurales, verdaderas productoras de alimentos, productoras familiares y trabajadores y trabajadoras del campo, perdemos completamente nuestros derechos sobre nuestra producción agraria y nuestra alimentación.
En definitiva, es un acuerdo intolerable en cuanto a que este modelo de liberalización comercial reproduce esquemas propios del siglo XX, obsoletos y ampliamente responsables de la crisis climática, la pérdida acelerada de biodiversidad y el aumento de las desigualdades sociales. Lejos de corregir estos impactos, el acuerdo los profundiza.
Impactos múltiples incompatibles con nuestro futuro
El tratado favorece un incremento del comercio de productos agrícolas y ganaderos asociados a modelos extractivistas altamente dependientes de monocultivos, agrotóxicos y fertilizantes químicos, así como a la expansión de la ganadería industrial. Esto supone una presión directa sobre ecosistemas clave como la Amazonía, el Cerrado o el Gran Chaco, acelerando la deforestación, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Además, al incentivar largas cadenas de suministro globales y el intercambio de materias primas agrícolas por productos industriales altamente contaminantes, el acuerdo contradice frontalmente los compromisos climáticos asumidos por la Unión Europea.
Queremos destacar que uno de los aspectos más preocupantes del acuerdo UE–Mercosur es su impacto sobre la seguridad alimentaria y las condiciones laborales en el campo. La entrada al mercado europeo de productos procedentes de sistemas productivos con menores exigencias ambientales, sanitarias y laborales supone una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la salud pública y para los derechos y salud de las personas trabajadoras del campo.
El acuerdo promueve una competencia desleal que empuja a una armonización a la baja de los estándares, normalizando el uso de sustancias tóxicas prohibidas en la UE y debilitando los marcos de protección existentes. Como hemos señalado desde SEAE en distintas ocasiones, este proceso penaliza especialmente a la agricultura ecológica y a quienes apuestan por producir alimentos sanos, sin venenos y respetando los límites del planeta.
Otro de los aspectos más preocupantes de este acuerdo UE–Mercosur es que favorece el acaparamiento de tierras, mercados y capacidad de decisión por parte de un reducido número de grandes empresas transnacionales. Al concentrar el control de la alimentación en manos corporativas, se debilita la soberanía alimentaria de los pueblos y se margina a la pequeña y mediana agricultura, tanto en Europa como en América del Sur.
Lejos de promover economías rurales vivas, diversificadas y resilientes, el tratado refuerza la dependencia de las economías sudamericanas de exportaciones a bajo precio basadas en la sobreexplotación de recursos naturales, al tiempo que pone en riesgo la pequeña agricultura campesina de todos los territorios involucrados.
Una alternativa necesaria: decrecimiento, comercio justo, agroecología y derechos humanos
Desde una perspectiva decrecentista, el acuerdo UE–Mercosur consolida un modelo económico incompatible con la agroecología y la soberanía alimentaria, al situar el crecimiento del comercio global por encima de la sostenibilidad de los sistemas agrarios y de la autonomía de los territorios. El fomento de flujos masivos de materias primas y alimentos a larga distancia incrementa la huella ecológica global, intensifica la presión sobre ecosistemas estratégicos y desvaloriza los esfuerzos de las cooperativas agroecológicas, que trabajan desde la proximidad, la diversidad productiva y el respeto a los ciclos naturales.
El decrecimiento plantea la necesidad de reducir la dependencia de los mercados globales y fortalecer circuitos cortos y economías locales. Sin embargo, el acuerdo avanza en la dirección contraria, reforzando el control corporativo de la cadena alimentaria y debilitando el papel de las cooperativas como herramientas de democratización económica y territorial. Esta visión es compartida por el Foro Social Más Allá del Crecimiento, que agrupa a más de 90 organizaciones y promueve un modelo ecosocial centrado en la vida, los límites planetarios y la justicia social, en plena consonancia con los principios que defiende SEAE.
Desde SEAE defendemos que la alimentación agroecológica es un derecho de las personas que además cuida el planeta. Es imprescindible avanzar hacia marcos de cooperación internacional basados en la solidaridad, la protección de los derechos humanos, la salud pública, el bienestar animal y el respeto a los límites planetarios.
La agroecología ofrece una hoja de ruta clara para esta transición: sistemas alimentarios locales y territorializados, libres de tóxicos, socialmente justos y ambientalmente sostenibles. Cualquier acuerdo internacional que ignore estos principios supone un paso atrás.
Por todo ello, SEAE rechaza el acuerdo UE–Mercosur y se suma a las voces de la sociedad civil europea y latinoamericana que exigen su abandono. Este tratado no solo amenaza la agricultura ecológica y la pequeña producción agraria, sino que compromete la salud pública, la seguridad alimentaria, la viabilidad de los sistemas agrarios locales y la capacidad de los pueblos para decidir cómo producir y consumir sus alimentos.
Defender lo ecológico, la soberanía alimentaria y la justicia social no es una opción ideológica: es una necesidad urgente para garantizar un futuro viable.
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