Tanto si vas a presentar comunicación como si quieres participar como oyente, ya puedes inscribirte al Congreso Internacional de Agricultura Ecológica que se celebra en Iruña/Pamplona del 22 al 25 de abril. Inscríbete a través de este enlace.
SEAE anima a participar a investigadores/as, personal técnico, agricultores/as, ganaderos/as, empresas de transformación y comercialización, entidades de certificación, administraciones públicas, educadores/as, comunicadores/as y todas las personas y organizaciones comprometidas con la transición agroecológica. INSCRIPCIONES AQUÍ.
Este Congreso será un punto de encuentro fundamental para tejer redes, compartir conocimientos y construir colectivamente el futuro de la agroecología. Vuestra experiencia y vuestro trabajo son imprescindibles para que «Agroecología: raíces y futuro» sea más que un lema: un compromiso compartido.
La jornada formativa “Micorrizas autóctonas para adaptar nuestros cultivos al cambio climático. Aprende a elaborar inóculos micorrízicos adaptados a tu suelo y clima”, organizada en el marco del proyecto CultivEco – Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor ha reunido en el CIFEA de Torre Pacheco a agricultores/as y técnicos/as interesados en profundizar en el papel de la simbiosis micorrízica como herramienta práctica para mejorar la salud del suelo y reforzar la resiliencia de los sistemas agrarios frente al estrés climático.
La formación ha sido impartida por Lázaro Muñoz, de Ecolución, empresa que acompaña a agricultores y que está orientada a transformar el conocimiento técnico en soluciones aplicables en finca. Su enfoque parte de comprender los sistemas agrarios como conjuntos interrelacionados, donde el suelo, los microorganismos, las plantas y el manejo agronómico interactúan como una maquinaria viva, priorizando procesos ecológicos frente a la dependencia de insumos externos o productos comerciales estandarizados.
Micorrizas: función y aplicaciones en agricultura ecológica
Las micorrizas son asociaciones simbióticas entre determinados hongos del suelo y las raíces de las plantas, especialmente las micorrizas arbusculares, predominantes en la mayoría de los cultivos agrícolas. A través de esta relación, las plantas amplían su capacidad de exploración del suelo, accediendo de forma más eficiente al agua y a nutrientes esenciales (siempre y cuando se usen bien pues si no se usan bien, pueden provocar problemas en los frutos y de plagas y enfermedades).
Además, la actividad micorrízica favorece la estructuración del suelo, incrementa la estabilidad de los agregados, mejora la infiltración y puede contribuir a la protección frente a determinados patógenos del suelo. En sistemas de agricultura ecológica, donde se prioriza el funcionamiento biológico del suelo, estas asociaciones juegan un papel clave en la reducción de la dependencia de insumos externos y en el fortalecimiento de la resiliencia del agroecosistema.
Para los agricultores y agricultoras de la cuenca vertiente del Mar Menor, caracterizada por condiciones climáticas exigentes, suelos vulnerables y una elevada presión hídrica, el aprovechamiento de micorrizas autóctonas representa una innovación práctica con impacto directo en la sostenibilidad productiva.
La jornada ha ofrecido contenidos teóricos para la elaboración artesanal de inóculos micorrízicos adaptados a suelos y climas locales, promoviendo la autonomía técnica y el uso consciente de los recursos del entorno.
Durante la jornada, Lázaro Muñoz ha insistido en la importancia de contextualizar el uso de micorrizas y evitar enfoques simplistas o generalistas. Desde una mirada agroecológica, subraya que las micorrizas no constituyen una solución universal ni automática, ya que su eficacia depende del manejo del sistema agrario, del estado del suelo y del historial de insumos. En sistemas convencionales intensivos, con suelos muy alterados por fertilización mineral o uso recurrente de fitosanitarios, la inoculación micorrízica puede no generar beneficios esperables.
Del mismo modo, señala que en parcelas con arbolado adulto y bien establecido, donde ya existen redes fúngicas funcionales, resulta más eficiente invertir en prácticas como las cubiertas vegetales o la mejora de la materia orgánica que en la aplicación de micorrizas externas. Este enfoque refuerza una idea central del proyecto CultivEco y el impulso de buenas prácticas agrarias: no se trata solo de añadir insumos, sino de activar procesos ecológicos ya presentes en el agroecosistema.
Un paso más hacia el impulso de buenas prácticas agrarias en el Mar Menor a través de la formación
Esta jornada se integra en el itinerario formativo de CultivEco, orientado a facilitar la adopción de buenas prácticas agroecológicas y a acompañar a agricultores y agricultoras en la transición hacia la producción ecológica. En este marco, el manejo consciente de las asociaciones micorrízicas se presenta como una estrategia válida tanto para sistemas en transición como para fincas ecológicas consolidadas que buscan reforzar su resiliencia frente a los efectos del cambio climático.
Como continuación de este ciclo formativo, desde CultivEco se invita a las personas interesadas a participar en la próxima jornada “De residuo a recurso: materia orgánica de calidad para una agricultura ecológica productiva”, que se celebra el 4 de febrero de 2026 en el mismo centro. Esta sesión profundiza en el papel de la materia orgánica como base del suelo sano, abordando sus distintos orígenes, tratamientos y su influencia directa en la fertilidad y productividad de los sistemas agrarios.
El proyecto CultivEco, Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Convocatoria de ayudas para la restauración y mejora ambiental en el ámbito agrícola, para contribuir a la recuperación de la funcionalidad ecológica del Mar Menor, incluida en la línea 6 del Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor.
“Las opiniones y documentación aportadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor o autores de los mismos, y no reflejan necesariamente los puntos de vista de las entidades que apoyan económicamente el proyecto”.
«Se trata de una peligrosa carrera a mínimos que pone en riesgo la agroecología, la seguridad alimentaria, la salud y la soberanía alimentaria»
Desde la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE) manifestamos nuestra profunda preocupación y rechazo ante la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, prevista para este 17 de enero de 2026. Este tratado, presentado como un hito económico y geopolítico, representa en realidad una carrera a mínimos en materia de derechos sociales y salubridad ambiental y alimentaria, incompatible con los objetivos de sostenibilidad, acción climática y transición agroecológica que Europa dice defender. Como productoras y consumidoras, con la aprobación de este acuerdo vamos a perder por completo la capacidad de decisión sobre nuestra alimentación, una cuestión mucho más que preocupante.
Este acuerdo profundizará la vulnerabilidad en todas las escalas sociales del sistema alimentario. La pequeña agricultura y la producción ecológica quedarán aún más expuestas a la competencia desleal, al uso intensivo de sustancias tóxicas y a los impactos crecientes del cambio climático, mientras que las grandes corporaciones reforzarán su control sobre los medios de producción —tierra, semillas, insumos y canales de distribución— y concentrarán las decisiones estratégicas sobre qué, cómo y para quién se producen los alimentos. Esta pérdida de control colectivo sobre la alimentación nos hace a todas las personas más dependientes y frágiles frente a un modelo que prioriza el beneficio económico sobre la vida. En este escenario, el derecho a una alimentación sana y suficiente se vacía de contenido y se impone una lógica en la que, cada vez más, trabajaremos únicamente para poder comer.
El acuerdo UE–Mercosur se inscribe en una arquitectura de tratados de libre comercio que priorizan la mercantilización de bienes y servicios por encima de los derechos humanos, la protección de la naturaleza y el arraigo de los sistemas productivos en los territorios. Bajo esta lógica, los alimentos dejan de ser un derecho básico para convertirse en meras mercancías, y la regulación pública se subordina a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. Este enfoque reduce la capacidad de los Estados y de las comunidades para proteger la salud, el medio ambiente y las economías locales, y consolida un modelo que concentra poder y decisiones en manos de unos pocos actores privados. Frente al poder corporativo, como persona, como ciudadanía, comunidades rurales, verdaderas productoras de alimentos, productoras familiares y trabajadores y trabajadoras del campo, perdemos completamente nuestros derechos sobre nuestra producción agraria y nuestra alimentación.
En definitiva, es un acuerdo intolerable en cuanto a que este modelo de liberalización comercial reproduce esquemas propios del siglo XX, obsoletos y ampliamente responsables de la crisis climática, la pérdida acelerada de biodiversidad y el aumento de las desigualdades sociales. Lejos de corregir estos impactos, el acuerdo los profundiza.
Impactos múltiples incompatibles con nuestro futuro
El tratado favorece un incremento del comercio de productos agrícolas y ganaderos asociados a modelos extractivistas altamente dependientes de monocultivos, agrotóxicos y fertilizantes químicos, así como a la expansión de la ganadería industrial. Esto supone una presión directa sobre ecosistemas clave como la Amazonía, el Cerrado o el Gran Chaco, acelerando la deforestación, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Además, al incentivar largas cadenas de suministro globales y el intercambio de materias primas agrícolas por productos industriales altamente contaminantes, el acuerdo contradice frontalmente los compromisos climáticos asumidos por la Unión Europea.
Queremos destacar que uno de los aspectos más preocupantes del acuerdo UE–Mercosur es su impacto sobre la seguridad alimentaria y las condiciones laborales en el campo. La entrada al mercado europeo de productos procedentes de sistemas productivos con menores exigencias ambientales, sanitarias y laborales supone una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la salud pública y para los derechos y salud de las personas trabajadoras del campo.
El acuerdo promueve una competencia desleal que empuja a una armonización a la baja de los estándares, normalizando el uso de sustancias tóxicas prohibidas en la UE y debilitando los marcos de protección existentes. Como hemos señalado desde SEAE en distintas ocasiones, este proceso penaliza especialmente a la agricultura ecológica y a quienes apuestan por producir alimentos sanos, sin venenos y respetando los límites del planeta.
Otro de los aspectos más preocupantes de este acuerdo UE–Mercosur es que favorece el acaparamiento de tierras, mercados y capacidad de decisión por parte de un reducido número de grandes empresas transnacionales. Al concentrar el control de la alimentación en manos corporativas, se debilita la soberanía alimentaria de los pueblos y se margina a la pequeña y mediana agricultura, tanto en Europa como en América del Sur.
Lejos de promover economías rurales vivas, diversificadas y resilientes, el tratado refuerza la dependencia de las economías sudamericanas de exportaciones a bajo precio basadas en la sobreexplotación de recursos naturales, al tiempo que pone en riesgo la pequeña agricultura campesina de todos los territorios involucrados.
Una alternativa necesaria: decrecimiento, comercio justo, agroecología y derechos humanos
Desde una perspectiva decrecentista, el acuerdo UE–Mercosur consolida un modelo económico incompatible con la agroecología y la soberanía alimentaria, al situar el crecimiento del comercio global por encima de la sostenibilidad de los sistemas agrarios y de la autonomía de los territorios. El fomento de flujos masivos de materias primas y alimentos a larga distancia incrementa la huella ecológica global, intensifica la presión sobre ecosistemas estratégicos y desvaloriza los esfuerzos de las cooperativas agroecológicas, que trabajan desde la proximidad, la diversidad productiva y el respeto a los ciclos naturales.
El decrecimiento plantea la necesidad de reducir la dependencia de los mercados globales y fortalecer circuitos cortos y economías locales. Sin embargo, el acuerdo avanza en la dirección contraria, reforzando el control corporativo de la cadena alimentaria y debilitando el papel de las cooperativas como herramientas de democratización económica y territorial. Esta visión es compartida por el Foro Social Más Allá del Crecimiento, que agrupa a más de 90 organizaciones y promueve un modelo ecosocial centrado en la vida, los límites planetarios y la justicia social, en plena consonancia con los principios que defiende SEAE.
Desde SEAE defendemos que la alimentación agroecológica es un derecho de las personas que además cuida el planeta. Es imprescindible avanzar hacia marcos de cooperación internacional basados en la solidaridad, la protección de los derechos humanos, la salud pública, el bienestar animal y el respeto a los límites planetarios.
La agroecología ofrece una hoja de ruta clara para esta transición: sistemas alimentarios locales y territorializados, libres de tóxicos, socialmente justos y ambientalmente sostenibles. Cualquier acuerdo internacional que ignore estos principios supone un paso atrás.
Por todo ello, SEAE rechaza el acuerdo UE–Mercosur y se suma a las voces de la sociedad civil europea y latinoamericana que exigen su abandono. Este tratado no solo amenaza la agricultura ecológica y la pequeña producción agraria, sino que compromete la salud pública, la seguridad alimentaria, la viabilidad de los sistemas agrarios locales y la capacidad de los pueblos para decidir cómo producir y consumir sus alimentos.
Defender lo ecológico, la soberanía alimentaria y la justicia social no es una opción ideológica: es una necesidad urgente para garantizar un futuro viable.
Los colectivos organizadores, entre los que está SEAE, queremos construir las bases de un nuevo modelo ecosocial que cuestione el capitalismo verde y proponga una alternativa basada en el decrecimiento y la economía del bienestar que frene al fascismo y supere el modelo económico actual.
El Foro Social tiene como objetivo generar un espacio de diálogo y confluencias para construir democráticamente las bases de un nuevo modelo ecosocial que cuestione el fracasado capitalismo verde y confronte el fascismo proponiendo alternativas más allá del crecimiento. Estas se construirán a través del decrecimiento para el bienestar, frenando las políticas neoliberales y al fascismo y superando el modelo económico actual en vías de colapso.
De esta forma, durante el encuentro, se avanzará en debates estratégicos, se compartirán diagnósticos y se trazarán las líneas de acción para una transición ecosocial justa desde el protagonismo popular. A su vez, las jornadas servirán para establecer redes entre colectivos y reforzar espacios de reflexión transversal que avancen en el desarrollo de la agenda más allá del crecimiento con medidas propositivas.
Este proyecto social y político, articulado desde la sociedad civil, es independiente de los partidos. Trabaja con su propia agenda y programa de acción para una transición ecosocial que, poniendo la vida en el centro, supere el modelo económico capitalista basado en el crecimiento perpetuo, que genera injusticia social y degradación ecológica.
Este será el primer Foro Social y, para asegurar el cumplimiento de los ambiciosos objetivos de los que parte, los colectivos y organizaciones marcan como horizonte realizar una segunda sesión a finales de 2026.
Éxito de la conferencia de septiembre
El Foro Social surge como continuación de la ‘Conferencia Más Allá del Crecimiento: por una economía orientada al bienestar de las personas y del planeta’, que llenó la Sala Ernest Lluch del Congreso en septiembre de 2025. Desde entonces, el grupo motor formado por una decena de organizaciones ha conseguido sumar más de 90 adhesiones colectivas al foro y a la declaración conjunta.
España mantiene en 2024 una posición destacada en el panorama internacional de la producción ecológica, con una base territorial sólida, una elevada diversidad de cultivos y un sector ganadero que continúa ampliando su presencia, según los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación disponibles en este informe.
La superficie dedicada a producción ecológica alcanzó 2,95 millones de hectáreas, lo que supone el 12,31 % de la Superficie Agraria Útil (SAU) del Estado. Esta cifra consolida a España como primer país de la Unión Europea en superficie ecológica y confirma el papel estructural que la producción ecológica desempeña ya en el modelo agrario español.
El crecimiento acumulado de la superficie en la última década evidencia que la producción ecológica ha dejado de ser un nicho para convertirse en un componente estratégico del territorio agrario, con especial relevancia en sistemas extensivos y cultivos leñosos.
Predominio de cultivos leñosos y diversificación productiva
La estructura de la superficie ecológica refleja una clara especialización en cultivos leñosos, que concentran una parte significativa del total. Destacan especialmente:
Olivar ecológico, donde España es líder mundial.
Viñedo ecológico, situando al país entre las primeras potencias internacionales.
Frutales y cítricos, con una posición destacada en el contexto europeo.
Junto a estos, los cultivos herbáceos, incluidos cereales y leguminosas, mantienen una presencia relevante, contribuyendo a la diversificación de las rotaciones y al abastecimiento de materias primas ecológicas para alimentación humana y animal.
Esta combinación refuerza el papel de la producción ecológica no solo como sistema productivo, sino también como herramienta clave para la resiliencia agraria y la gestión sostenible del suelo.
Ganadería ecológica: avance sostenido y papel estratégico
La ganadería ecológica continúa su evolución positiva, especialmente en sistemas extensivos vinculados al territorio. La carne ecológica destaca tanto en términos productivos como de consumo, situándose como la categoría con mayor peso económico en el mercado ecológico nacional.
El desarrollo de la ganadería ecológica refuerza la conexión entre producción vegetal y animal, favorece el aprovechamiento sostenible de pastos y subproductos, y contribuye a modelos más coherentes con los principios agroecológicos.
Producción, valor y comercio exterior: luces y sombras
En 2024, la producción ecológica alcanzó 3,75 millones de toneladas, lo que supone un descenso respecto al año anterior, asociado a factores coyunturales, principalmente climáticos. Sin embargo, este ajuste en volumen no ha impedido que el valor estimado en origen se sitúe en 4.796 millones de euros, con un crecimiento acumulado de casi el 350 % desde 2012.
El sector ecológico español mantiene además un fuerte perfil exportador. Las exportaciones superaron los 3.800 millones de euros, con una balanza comercial claramente positiva, reforzando el papel de España como proveedor clave de alimentos ecológicos en los mercados internacionales, especialmente en la Unión Europea y en países extracomunitarios de alto valor añadido.
Así pues, los datos de 2024 confirman que la producción ecológica en España es ya un pilar estructural del sistema agroalimentario, con una base territorial amplia, una notable diversidad de cultivos, una ganadería en expansión y una fuerte proyección exterior.
Desde SEAE, consideramos que estos resultados refuerzan la necesidad de políticas públicas coherentes, apoyo a la transformación agroecológica y estrategias que prioricen el mercado interno, la renta agraria y la sostenibilidad social y ambiental del medio rural.
Cerramos 2025 con una certeza cada vez más compartida: la agroecología ya no es solo una propuesta situada en los márgenes del sistema alimentario, sino una fuerza transformadora que está construyendo, aquí y ahora, el futuro del campo. En un contexto marcado por la crisis climática, la volatilidad de los mercados, el agotamiento de los recursos naturales y las tensiones sociales en el medio rural, la agroecología demuestra que no solo es posible producir alimentos de forma sostenible, sino hacerlo con criterios de justicia social, viabilidad económica y salud ecosistémica.
No ha sido un año exento de obstáculos. Persisten inercias normativas, modelos productivos dependientes de insumos externos y marcos políticos que, en ocasiones, diluyen o desvirtúan el enfoque agroecológico. Sin embargo, frente a estas dificultades, 2025 ha sido también un año de afianzamiento, de evidencias acumuladas y de experiencias que confirman que la agroecología funciona cuando se la sitúa en el centro de las políticas públicas, la investigación y el acompañamiento técnico.
Desde SEAE, llevamos años impulsando este cambio de paradigma. En 2025 hemos seguido tejiendo redes, generando conocimiento colectivo y facilitando espacios de encuentro entre producción, ciencia, administración y sociedad civil. Jornadas técnicas, encuentros de campo, procesos formativos y publicaciones han reforzado una idea clave: la transición agroecológica no es un salto al vacío, sino un proceso basado en conocimiento sólido, práctica contrastada y cooperación territorial.
Las noticias que han marcado este año —desde experiencias de ganadería ecológica con mayor autonomía forrajera, hasta avances en producción ecológica, adaptación climática, biodiversidad y sistemas alimentarios locales— reflejan un sector vivo, diverso y con capacidad de respuesta. Titulares que hablan de resiliencia, innovación desde el territorio, ciencia aplicada y alianzas estratégicas, y que confirman que la agroecología ya está generando impactos reales.
Así despedimos 2025: con determinación. La agroecología se construye cada día, en cada finca que cuida su suelo, en cada mercado que apuesta por circuitos cortos, en cada comedor escolar que prioriza alimentos ecológicos y locales, en cada investigación que conecta ciencia y práctica. El futuro no es una promesa lejana: el futuro ya está aquí. El reto, ahora, es escalarlo sin perder su esencia, manteniendo su enfoque sistémico, territorial y social.
Mirando a 2026: planificación estratégica y comunidad
Con esta convicción, desde SEAE continuamos el camino en 2026 con un nuevo Plan Estratégico 2026–2028, un proceso colectivo que busca reforzar el papel de la agroecología en los próximos años. Invitamos a nuestras socias y socios —y a quienes aún no lo son— a sumarse activamente a este proceso, a participar en su definición y a fortalecer una comunidad que es clave para avanzar con coherencia y ambición. La agroecología necesita organización, visión compartida y compromiso a largo plazo.
El próximo XVI Congreso Internacional de Agricultura Ecológica y Agroecología de SEAE será uno de los hitos que marcarán el inicio de esta nueva etapa. Bajo el lema “Agroecología: raíces y futuro”, el Congreso será un espacio para contrastar resultados, debatir retos y proyectar soluciones colectivas. Un punto de encuentro imprescindible para seguir situando la agroecología donde le corresponde: en el centro del debate agroalimentario.
Cerramos 2025 con orgullo por lo recorrido y con impulso renovado para lo que viene. La agroecología avanza porque es necesaria, porque es viable y porque ya está en marcha. Desde SEAE seguiremos trabajando para que ese avance sea profundo, coherente y transformador.
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